El Destierro

Soy colombiano y vivo en Europa. De mi país guardo los peores recuerdos. Familiares muertos y amenazas. Me gustaría sentir orgullo de ser colombiano, pero en verdad me avergüenza, y si pudiera, renunciaría al pasaporte.

Acá seré sudaca. Es difícil encontrar un trabajo similar a los que usaba cuando vivía en Colombia, pero curiosamente vivo mejor con un mal puesto. Nadie amenazará mi vida por tener un trabajo honesto y ser exitoso en lo que hago. Mi familia, con los impuestos, tiene salud y educación, y quizá en una o dos generaciones ya no quede rastro en ellos de haber tenido algún día familiares en Colombia. La odio, y creo que estoy fuera y escribo estas líneas solo porque tuve la oportunidad de irme, pero no porque sea el único.

A veces pienso con algo de remordimiento que mi vida es algo así como traición a la patria, pero, ¿qué traición puede cometer alguien con un país que no le da absolutamente nada? Hay quienes las pasan peores, y en ellos es en los que pienso. En los campesinos reclutados para pelear por cualquier bando en una guerra que no entienden porque son apenas niños. Mueren todos los días, pero a velocidades más grandes parecen reclutar más soldados. Gente sin opción que batalla por un poder que es legítimo en su territorio. Esas son las personas que me hacen sentir algo de remordimiento, las que saldrían si pudieran, como lo hice yo y como me gustaría que lo hagan mis hijos, que jamás pongan un pié en Colombia.

El remordimiento, en todo caso, no es suficiente como para sentir que debo hacer algo por la patria. Cualquier causa que le pida a uno la vida no es digna si quiera de ser considerada. Menos aún si se trata de tener una visión generosa con las clases menos favorecidas. Una visión que le meten a uno las clases favorecidas, dueñas de los medios y de los dineros sucios del país. Se supone que debo sentir orgullo de los premios que se ganan Juanes y Shakira, y que debo hacer fuerza por Montoya en las carreras. Pero claro, nadie recuerda los vínculos de Ernesto Samper con el narcotráfico ni las irregularidades en los contratos de la alcaldía de Peñalosa. Acabaremos nuevamente votando por descarte. El menos peor de los candidatos, estrategia que como ya vimos, pone en el poder a seres como Andrés Pastrana. Y mientras tanto, la clase media hace páginas como esta en las que todos dicen cosas como ¡viva Colombia, carajo! Que viva, sí, pero bien lejos. Yo personalmente prefiero ser sudaca explotado en Europa que clase media colombiana. Son las naciones las que destierran a sus habitantes, pero si fuera posible desterraría yo a Colombia, un intento de Estado que no llega ni a ser broma.

Propiedad gastrointestinal de:Supercontra  

1 piedras han sido lanzadas:

Web Master said... 19:07  

Entendible, pero no justo. Triste. Yo quiero a colombia, pq con todos sus problemas y locuras y bobadas, yo soy lo que soy, pq soy colombiano. Si fuera argentino, a lo mejor nunca seria Carlos Carreno, como ahora.

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