Ponifilia y ponifobia, por una humanidad en paz

La humanidad se divide en dos tipos de persona: los que aman la pony malta, y los que la odian. No es una cuestión de colombianos, porque no se limita exclusivamente a las personas que la han probado. Para todo ser humano, sin importar su lugar en el tiempo o el espacio, hay un extremo asignado en la escala de gustos por esta bebida. Napoleón, Alejandro Magno, o un pobre diablo de la Isla de Pascua. Todos son seres que podrían ser catalogados en una de estas dos categorías.

La pregunta es, ¿qué implicaciones tiene esto? El asunto, aparentemente trivial, podría dar pistas sobre elementos esenciales de la especie humana. Por ejemplo, puede que el gusto o disgusto sea un asunto exclusivo a la raza humana. Si bien es cierto que varios animales pueden disfrutar, tanto como Juan Pablo Montoya, una pony malta bien helada, los que beben no lo hacen en calidad de individuos. Si un gato toma, lo más seguro es que todos los gatos tomen. Si un perro toma, lo más seguro es que todos los perros tomen. En los humanos, todo lo contrario. Un padre puede ser amante furibundo, mientras que para sus hijos puede ser una tortura china. De hecho, ya que se trae a colación nuestra promesa inconclusa de campeón para la Fórmula 1, resulta curioso que la bebida en cuestión no responda, tampoco, a patrones de consumo dictados por la publicidad. Un argumento sencillo: sin importar cuán malos sean los anuncios, los consumidores seguirán demandando. Tal vez si cambiaran el slogan, por algo como "bebida de subcampeones", podría tener más éxito, pero el gusto por el jarabe acaba por ser tan caprichoso, que bien podrían hacer los productores al dejar de hacer publicidad. Nadie resultará convencido por un anuncio. Si lo toma Montoya o Marulanda, a todos nos da igual. El que toma, no dejará de hacerlo, y resulta improbable que a alguien repentinamente le empiece a gustar.

Puede que eso que tanto nos preocupa a los humanos de encontrar categorías esenciales para la humanidad sea mucho más claro y arbitrario de lo que creemos. Tal vez la mitología escandinava y el Tarantino ruso hayan atinado a la temática, pero no a la formulación. Tal vez no son el bien y el mal en lo que se divide la humanidad, sino en la Pony Malta. Puede ser una especie de teoría del designio con un Dios caprichoso. El uribismo, inclusive, podría interpretarse como una manera particular de manifestar esta profunda condición humana. Afortunadamente existen las primas hermanas, que no supone ninguna división en nuestra especie, para tener alguna esperanza de que algún día podemos llegar a entendernos. Esas bebidas a las que nadie, sin importar el gusto por la Pony Malta, les dice que no. Quizá, y de manera muy consecuente con el conocimiento empírico, la cuestión no debe ser la Pony Malta o no, sino conciliar las diferencias en torno a un interés común: las maltas fermentadas.

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