Julius Hitzig: historia de la francolepsia en Colombia

Colombia, finales del siglo XIX: la lepra es combatida como en la actualidad se desafía el terrorismo, con las cabezas duras de gobernantes tercos y tarados. La medicina criolla da para encontrar el factor de transmisión, pero es ignorada en ámbitos políticos. Los enfermos son aislados en campos de concentración y experimentación por ley, en vez de optar por hábitos higiénicos. Tal vez todos los problemas del país tendrían solución si cada cual viera dónde ensucia.

Por la misma época reportan en Alemania los primeros casos de narcolepsia: un extraño desorden que ataca sin tregua a quien lo padece, de manera inesperada y fulminante. La persona queda dormida. Como Dumpa, después del aguardiente 35. El primer intento académico por abordar el tema lo asoció con el caso de un violador que sufría somnolencia, se creía, debido a la homosexualidad reprimida y al exceso de masturbación (hoy no se salvaría ninguno). Si sufren de sueño extremo durante el día, vean un médico sin temor a que haga preguntas sobre sus hábitos sexuales: es uno de los desordenes más subdiagnosticados, con graves consecuencias para quienes no reciben tratamiento.

Por la misma época, un osado científico amigo de Gélineau fuertemente inspirado por su trabajo produce una serie de artículos (aunque en journals bastante oscuros y de tinte religioso) describiendo un trastorno que denomina, de manera análoga a su colega, francolepsia: ataques repentinos en los que el afectado empieza a gritar espontáneamente todas las emociones que le suscita una situación. La descripción, paradójicamente, llega a resultar romántica, pues el autor la compara con la sensación de estar frente a una mujer que inhibe su capacidad de razonamiento (primeros momentos, dice, del proceso de enamoramiento).

La historia, que recuerda la prolífica y equivocada serie de documentos sobre los rayos-N después de haber identificado los rayos-X, tendría poca importancia, de no haber intervenido el destino en forma de ironía una vez más para Colombia. Julius Hitzig, sobrino de un reconocido investigador de nombre Eduard que llevaba también su apellido de Prusia, tomó la beligerante causa de su tío, enmarcada en el repentino cambio de posición de la teoría alemana alrededor de 1870 en el debate entre puristas y localistas. Unos, defendían la noción tradicional de la academia alemana, kultur, mientras que otros, principalmente de ciencias clínicas, exploraban el sistema nervioso como motor del comportamiento humano. Julius, mezcla de excéntrico sin fundamento y genio incomprendido, sostiene fuertes debates con importantes profesores alemanes que lo llevan al ostracismo.


(Eduard Hitzig, tío de Julius y famoso psiquiatra alemán)

Juan de Dios Carrasquilla, médico colombiano dedicado a investigar la lepra, recibe al particular intelectual alemán en sus instalaciones. Lo que es más importante, recibe la totalidad de los pacientes de Hitzig: más de 200 individuos con antecedentes bastante heterogéneos y provenientes de toda Europa y Asia.

Julius Hitzig, nieto, identificó las siguientes características en el desorden: Altamente hereditario. Al igual que la narcolepsia, sugiere que puede tratarse de una región afectada en el cerebro. Degeneración acumulativa con cada parto, y finalmente, estrechamente asociado con expresiones violentas.

No es claro si Hitzig muere violentamente, a manos del estado, por ayudar a escapar leprosos de su confinamiento, o si se retira a una hacienda frente al Magdalena para pintar acuarelas (su otra pasión) tras contraer matrimonio con una dama de Tocaima. Lo cierto es, desaparece, y sus pacientes son liberados.

Nunca vuelve nadie a estudiar el tema.

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