Vaqueros, investigadores privados y darwinismo

Resulta curioso que los personajes principales de los géneros por excelencia norteamericanos sean héroes que administran a su propio antojo la justicia sobre masas pobres, ignorantes y moralmente impedidas. Tan curioso como la casualidad que resultara el imperio cinematográfico instalado en justamente el lugar que daría origen al género y que los más temidos forajidos trabajaran como consultores de los primeros Westerns. Algo así como si, por ejemplo, Tirofijo asesorara las películas colombianas (que bastante falta les hace), para efectos de la precisión histórica. La página de consultas inusuales de Dumpa, con un excelente funcionamiento gratuito, ha dicho que la popularización del cómic también hace parte del selecto grupo. Dumpa atiende consultas en la caja de Supercontra, a propósito, y también pueden escribirle a dumpita (at) hotmail (p) com. Próximamente lanzará su portal de consultas metafísicas.

Me atrevo a sospechar que Juan Pablo atribuiría un panteón tan particular de los norteamericanos al pragmatismo en que surge. La guerra civil y la consolidación de una forma de pensar poco estudiada en nuestra era, y que paradójicamente dicta el curso de la humanidad actualmente. Y, a propósito, los norteamericanos son despreciados en el mundo por ignorar datos básicos sobre otras culturas, pero pocas se toman el trabajo de estudiarlos a ellos con algo de respeto. Uno de los elementos que detona dicho pensamiento resultó por casualidad ser la manera como se leyó a Darwin en Norte América.

En otras palabras, no sólo vivimos en la era de los supersimios que lo solucionan todo a golpes, sino que además hacemos poco para reaccionar al respecto. Funcionamos como cultura, de hecho, como chimpancés de laboratorio, espichando botones que se asocian con premios (y no sólo el control de la televisión, también estas palabras como la historia esa de los micos y las máquinas de escribir).

Mientras tanto, el uribismo, por ejemplo, es interpretado de manera diferente en cada una de las regiones de Colombia, la gente, a favor o en contra se siente en una de las mayores revoluciones de la historia, y las ciencias sociales hacen poco para abordar el fenómeno.

Tal vez, podríamos aprender algo de personajes como Jose Wales, y el discurso frente al líder pielroja (¡Pielroja!), en que dice que son los pueblos y no los gobiernos quienes conviven. Tal vez podamos aprender un poco del ejemplo para acabar la violencia y emplear en el cine a los desmovilizados (en todo caso ya es un atraco ver películas Colombianas, así que nadie sentirá mucho el cambio). Tal vez yo podría dejar de hablar mierda, pues no es que tenga este texto un punto claro.

Interesante que prefiramos identificarnos más con Europa que con Estados Unidos. Que se niegue el (poco, eso sí) pragmatismo que existe en la idiosincracia nacional, y en últimas, si se ve en la lectura del Darwinismo, que prefiramos pensarnos a nosotros mismos desde los esquemas europeos (que aún a pesar de lo distintos, cuentan con la característica común de tener una finalidad) que desde una lógica sintética. Dumpa cuenta con una excelente representación gráfica de este argumento.

Sin embargo, ¡hay esperanza! Algunos blogs recomendados: Las piernas de Marlene, actualizado con frecuencia y que piensa casi a manera de Spaghetti Western su propia existencia, con el tono necesario para escribir en el género. Supertexto, joven promesa de la antropología colombiana, conmueve al mundo con su esfuerzo por no ser un viejo obsoleto antes de los 30, pues si nosotros somos la generación de Edipo, como afirma el Uribe antropólogo la que nos respira en la espalda es la de Atila. X365, bellas ilustraciones.

¡Diablos! 3:40 a.m. nuevamente.

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