Crónicas marcianas: Calcuta

La antropología es como el alcohol: siempre resulta ser una buena excusa para hacer estupideces. Gracias a mi profesión, entonces, tuve la oportunidad de embarcarme en una aventura bastante osada y sin mucho sentido. Como si no fuera suficiente con el impacto causado por Delhi (y en general toda la India, que es como un San Victorino del tamaño de la Gran Colombia), yo tenía que ir a conocer el corazón mismo del caos absoluto. Calcuta, cuna de la mayor parte de los pensadores indios, la ciudad más poblada del país, y gran demonio que evaden todos los turistas. Toda una experiencia antropológica.

La ciudad me acogió en el seno de una familia bastante religiosa, donde fui hospedado gracias a un amigo de California. Sony, su hermana pequeña, hablaba inglés perfecto y fue, sospecho, la única persona en toda la región de Bengala que logró entender que yo no era estadounidense. Muy curiosa sobre la vida en occidente, preguntaba y se sorprendía con mis historias. El señor Giri, padre de mi amigo, llegó un día más tarde de lo planeado, pues durante su regreso de un matrimonio en otra región fue secuestrado (junto con los demás pasajeros del tren) por una minoría étnica armada.

Durante mi estadía no fue a trabajar un sólo día. Dedicación absoluta al invitado, tanto suya como de sus más cercanos amigos. Cualquier salida de casa para conocer dos templos incluía cuando menos 4 paradas donde conocidos o familiares que muy amablemente extendían el cariño que tenían por mi anfitrión. Claro, departían en Hindi o en Bengalí, o en alguna otra cosa que yo no entendía, pero siempre observando atentamente y ofreciendo toda clase de amenidades. De repente, en una conversación del señor Giri con uno de sus amigos, me causó curiosidad profunda una palabra que pronunciaron.

- What does it mean?
- What?
- Yanina.
- Yanina?
- Yes, you just said it, and I have a friend named like that in Colombia. What does it mean?
- I don´t know...
- What do you mean! Is it something in Bengali or in Hindi?
- What?
- Yanina!
- Yes.
- Mr. Giri!
- Yes?
- Bengali or Hindi.

Habla con su amigo un buen rato. Mencionan la palabra varias veces, y luego me responde.

- Bengali.
- O.K. And what does it mean?
- I don´t know.
- But how can you not know if you use it?

Y ya cuando estaba a punto de dejar la discusión donde quedan buena parte de los intentos de comunicación que uno tiene en la India, por obra y gracia de algún avatar mi anfitrión dijo en tono de discordia:

- It means "I don´t know"!
- Oh...

Algunas observaciones adicionales sobre India:

- Parece que yo fuera el arquitecto. De hecho, en ocasiones se levantan los planos de un edificio DESPUÉS de haber finalizado la obra, para la cuenta de cobro.

- El número mínimo de personas necesarias para operar una pala no es una, ni dos, sino cuatro: quien la empuña, quien hala la cuerda que tiene amarrada, y dos que realizan una labor con la que me siento plenamente identificado: observan atentamente y comentan. Empiezo a sospechar que mi profesión no fue una necesidad del colonialismo europeo sino una consecuencia de haber conquistado el subcontinente.

- Tomás, acá, sería considerado una especie de Juan Pablo Montoya. O, se han preguntado, ¿por qué no existe un piloto indio en la Fórmula 1?

De cualquier forma, y más allá de la ironía, no tengo más que agradecimientos para este país que no deja de sorprenderme. Los visitantes son como dioses, me decía uno de los amigos del señor Giri, y como un dios me han tratado. La hospitalidad abruma. La sencillez y tranquilidad que proyectan, reconforta el alma pero saca (o pone) la vida en perspectiva. La India transforma, y se transforma: dicen que es la nueva China. Veremos si el capitalismo logra eso que no lograron en siglos musulmanes o ingleses: inyectarle una gota de sentido común a esta historia tan fascinante.

Propiedad gastrointestinal de:Supercontra  

1 piedras han sido lanzadas:

La Rojas said... 16:16  

Que buen viaje el que se esta haciendo!! Saludes a JC!!

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