El turismo masivo y otras formas de metastasis cultural

Durante mi adolescencia, como para cualquier otro ser humano, tuve una relación tormentosa con mi padre. Cuando era niño, sin embargo, pude contar con él como cómplice en actividades tan absurdas como la articulación de trampas para capturar al Ratón Pérez cada vez que perdía un diente. Años después, cuando salí (parcialmente) de la inocencia no tuve más remedio que recordar los episodios con desconcierto pues para él no podía tener valor práctico aquella pantomima. De cualquier forma, la muerte sicológica de personajes míticos con frecuencia se aferra como trauma en el proyecto de ser humano que es cada uno de nosotros, y desemboca en reflexiones profundas y arbitrarias sobre temas absolutamente irrelevantes (como el fútbol, las mujeres, y la política). 


Otro episodio del mismo calibre fue durante un viaje familiar para que mi hermana conociera Disney. En medio de la euforia infantil los personajes responsables de traerme al mundo soltaron a manera de dato curioso que toda la operación técnica del lugar se hacía bajo tierra. Gracias a ese mundo subterráneo no se veían personajes a medio vestir, cargamentos de salchichas, o piratas del caribe en camilla deambulando entre los visitantes. Algo similar me sucede con Europa, y en general con el efecto del turismo masivo. En Indonesia, por ejemplo, la cultura local se articulaba como una forma de prostitución para que las visitantes primermundistas disfrutaran carne fresca de la selva. Barcelona, cual película de Eastwood, cuenta con leyes de restauración de fachadas para que la ciudad se vea bonita, pero importa poco el estado del interior de los apartamentos. En Florencia se pueden ver los iconos clásicos de la cultura occidental, pero no hay donde hacer mercado. Europa, en medio de su antiamericanismo, se ufana de ser una sociedad más justa mientras se abre de patas al consumismo del turismo, mientras dice, "gringos bobos, no saben lo que es la vida...sigan todos, el crepe, la tapa, la lasagna". Y mientras siguen renegando de los gringos por mercantilistas, desperdician generaciones enteras que han perdido completamente las aspiraciones de progresar como personas por medio de su trabajo y se contentan con marcar tarjeta en una tienda de zapatos para poder ir a la playa.


Si Dios existe, sin embargo, cuenta con un sofisticado sentido de la ironía, así que en Florencia, en medio de la prostitución de algún emblema arquitectónico, y entre copas, me topé con una catalana, irreverente como cualquier otra, testaruda, como toda española, y hermosa, como parecen ser todas las mujeres del continente en primavera, que me dejó totalmente callado. No por sus argumentos, aunque también, sino con cara de bobo y deslumbrado. 


- Yo salí con un colombiano.
- Y, ¿qué tal la experiencia intercultural?
- ¡Fatal! Son muy machistas. Hay cosas que pueden hacer los hombres pero que no pueden hacer las mujeres, tienen una sociedad dividida por estratos...- y no sé cuántas otras cosas, absolutamente ciertas todas, por cierto. Además, sin recurrir a los lugares comunes, todavía más vergonzosos.


Y en medio de la charla, entendí que, claro, el mundo puede sufrir en este momento el turismo como una forma de metástasis. Que los gobiernos del planeta entero son tan asquerosos como el que padecemos en Colombia, y que odiar a los europeos tiene tanto sentido como ser antiyankee. Como dice Jose Wales, no son los gobiernos quienes conviven, sino la gente. Y en ese sentido, no puedo quejarme. Su majestad podrá no haber estado al tanto de mi visita, pero Carolina me sometió a un fashion emergency después de llegar como un asceta de la India (ya imagino el chiste que hará Dumpa de mis gafas nuevas). Jimy, como siempre, digna compañía incluso cuando olvidé que el alcohol emborrachaba, y otros interlocutores que aguantaron y dieron pistas en mis largas divagaciones.


Barcelona, como siempre, me recibió con los brazos abiertos, al igual que Italia y por mucho que proteste. No el urbanismo o el gobierno, pero si su gente. Pero dejo así, porque empiezo a parecerme al doctor Houser.

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Propiedad gastrointestinal de:Supercontra  

1 piedras han sido lanzadas:

carolina vallejo said... 02:47  

¿interesado en los vídeos del reencuentro de pulga con occidente y de la embestida que le pego el alcohol?
llama al 9-800-carolina o 9-800-jimmy

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