We don´t need no (o de cómo las elecciones nos recuerdan épocas de prepucio en la bragueta)

Hace muchos, muchos años, en una galaxia lejana, había un pequeño niño que solía utilizar piyamas enterizas que llevaban cremallera desde el tobillo hasta la garganta. No sé qué genio habrá pensado que eso era un atuendo práctico para aquellos años donde el control de esfínteres parece un reto inalcanzable, pero lo cierto era que parecían la última moda, y no solo en la mía, sino en las demás casas de las que tengo memoria, no faltaban estas prendas que más evocan implementos para rituales de sadomasoquistas con enanos.

Si no parecen agradables mis memorias, es porque justamente a causa de las urgencias procedentes de la voluntad propia del cuerpo en esos años de infancia, en repetidas ocasiones me encontré ante la necesidad de abrir o cerrar la cremallera con premura y sin reparo de salvaguardar mi prepucio (o de pensar siquiera en su lugar de paradero). En la actualidad ignoro si es gracias a tan agraciados piyamines que podría convertirme sin necesidad de mutilar mis partes nobles a religiones exigentes (en otras palabras, no sé si la circuncisión fue a causa de algún afán de quitarme la ropa) pero el recuerdo quedó bien marcado.

Uno de los cuenteros que alegraba las tardes de los Jueves en la piscina de Los Andes en mis épocas estudiantiles solía decir que un tropezón con el dedo pequeño del pié es lo más cercano que están las mujeres de saber lo que se siente un capadón. Siguiendo la analogía, en los pasados días y a causa de los resultados electorales, el sentimiento evoca esos deslices dolorosos con braguetas. Tanta alegría, inocencia...y ¡zuáz! Cuanto más fuerte era el ímpetu, más difícil la solución.

Sin embargo, hay vida después de la circuncisión (si no, que lo digan nuestros primos mediterráneos). Dice un adagio del ambientalismo, casi como el lema de la importancia de participar, que los esfuerzos siempre transforman la realidad. Si no ahora, tal vez más tarde. Si no acá, tal vez en otro lugar. Efectivamente, la hiperconectividad ambiental ha sido ejemplo de transferencia de experiencias que parecen gritar serendipia a los cuatro vientos.

Y en realidad, es curioso, pero convencer gente de votar por Mockus es casi tan complicado como invitar a una circuncisión colectiva. Con una cremallera. Mientras tanto, en un esfuerzo por reconocer la apabullante victoria de Santos, un twit que me hizo reír bastante:

Dicen que cada cual hace de su culo un florero, ya saben qué hacer con su girasol.

Quisiera responder que no, que ni crean el santismo que el girasol es para ellos, ya que reservamos las rosas para esos nobles fines. Pienso que tras algunos años de Santos, muchas personas pensarán que fue un error no votar por Mockus. Tal vez no. No sabemos. También imagino, como todos los logros del candidato oficialista, que la arrolladora victoria será teñida de engaño con el paso del tiempo.

De cualquier modo, estoy perplejo. Menos mal hay mundial, sin Colombia, para pasar el mal trago. Siente uno que no se puede entender lo que sucede. Pero bueno, puede expresar uno lo que piensa. Y bueno ver que hay una opción diferente a El Polo.

¡Que viva el Partido Verde de Colombia!

Propiedad gastrointestinal de:Supercontra  

1 piedras han sido lanzadas:

Lala said... 21:10  

Ay, amigo. Te entiendo.
Pero créeme que para los pobres, reaccionarios, y pendejetes que han visto todos los escándalos del Gobierno como "cosas para tratar de tumbar a Uribe que son puras mentiras o pendejaditas menores", es su época de triunfo. Por sus prejuicios de idiota, por que les sigan dando sus limosnas, por seguir confiando en una seguridad que solo llega en época vacacional... por todo eso votarán por Santos. Quien conoce a Santos y sus traiciones a lo largo de su vida política? Nadie. Eso lo ven como astucia política, porque como ya se demostró eso no vale.
Aquí seguiremos con nuestra estúpida malicia muchos años.
Por eso estamos jodidos.

Lux Lancheros.

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