Crónicas marcianas: Guernico y Victorino


- ¿Es que acaso ya nadie trabaja en este pueblo? -pregunta un hombre de que parece obra cubista por su cuerpo flaco y asimétrico.

- Es que hoy hay partido…

- ¡Ah! Pero eso, ¿a quién le interesa?

- Yo le tengo fe -respondo yo sin imaginar la debacle que se viene.

- Perdón yo me tomo un tinto con ustedes.


Si el partido me dejó con la boca abierta, no fue muy diferente la conversación que se dio con el personaje que interrumpió nuestra reunión con Victorino, un noble y optimista psicólogo que trabaja en una reconocida y controvertida institución del Estado. Victorino es una de las varias personas que ha prometido llevarnos a las comunidades para presentarnos, pues siempre es bueno llegar con referencias. Sin embargo, el ritmo de pueblo hace que las reuniones se dilaten y el cronograma parezca algo menos que una broma. Dentro de la charla que tuvimos con Victorino tratamos la problemática indígena en salud y vimos fotos de las jornadas de carnetización, donde las prestadoras de salud expiden membresías para cobrar los subsidios del gobierno. A eso se reduce la cobertura en estas lejanas tierras, y son esas las cifras de se ven en las noticias. De prestación de servicios, prevención, y demás componentes de salud se ve muy poco.


El otro personaje, con ojos desorbitados y una gorra de Ron de Caldas, insistía en interrumpir:


- Es como la reina de ayer, que quedó de segunda, la del Valle, por picada. Eso le dieron un premio que recibió como sin ganas, por eso perdió el reinado. Por bruta. Como esa otra que dijo lo de Confucio, ¿la han visto? Eso sí es ser muy bruto.


Comentamos un rato el caso, luego Guernico, que empezaba a parecer un amigo de la democracia encubierto, continuó con su argumento:


- Confucio fue un gran filósofo nacido en los cincuenta…

- ¿En los cincuenta? - repuso Victorino -me parece que está confusionado...


Discutimos un rato las contribuciones de Confucio, para llegar a la triste conclusión de que la única ventaja que teníamos frente a la reina es que no debemos responder esa pregunta el directo. Posteriormente, intentamos continuar con las discusiones sobre temas de salud en las comunidades indígenas, hasta que Guernico interrumpió nuevamente en un monólogo que no logro reproducir en su articulación y elocuencia:


- Esos indios, yo estoy de acuerdo con que evolucionen, deberíamos culturizarlos, pero son muy brutos, son borrachos, eso deberían prohibirles tomar trago porque toman esa chicha que hacen y se ponen violentos, hasta se matan, y las mujeres se caen dos y tres veces con bebés amarrados en la espalda.


Estuardo y yo nos despedimos de Guernico y Victorino para ir al hotel y descansar antes del partido, con la seguridad de que el primero era más inoportuno que Uribe para Peñalosa, y convencidos de que con el segundo podremos desarrollar el proyecto en las comunidades. Y sobre todo, esperanzados y con plena seguridad de que sería un gran partido.


¿Para qué, mundo cruel, es que hacemos doctorados y apoyamos a un equipo que nos lleva al desencanto una y otra vez? La voz de Guernico podría ser la de un indígena hablando sobre otra etnia, y el fútbol nos lleva en el mejor de los casos, a celebraciones desenfrenadas que conducen a muertos en las calles. ¿Para qué ir al mundial? Para que los narcos apuesten contra Colombia, maten jugadores, y amenacen a los técnicos. Y a los jugadores que no alcanza la violencia les caen rayos en la cabeza.

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