Algunos aspectos sobre la movilidad Nukak

La misión del día era encontrar los Nukak que están en Barrancón, territorio Jiw donde están más cerca del río y otros recursos. Como siempre, en el Guaviare y con el transculturalismo (aunque puede ser también cuestión de nuestro equipo de trabajo) fritar un huevo se torna en una empresa quijotesca que parece encabezado de un chiste. Afortunadamente Regino y Giordano, como en tantas ocasiones, nos mostraron el camino.


Antes de llegar nos topamos una pequeña gallada de adolescentes en bicicleta. Una de ellas, nos mostraron, tenía la rueda doblada y no funcionaba apropiadamente. Se dirigían a pescar, rudos y tímidos como siempre. El cuñado del moreno perdido, de quien nadie parece tener memoria, estaba entre los expedicionarios. También un hombre más de Wanapalo (o Guanapalo, todavía no consigo decir el nombre sin causar risas entre los locales), que tenía un fenotipo bastante diferente.


Tras caminar por algo que me sorprendió encontrar en Barrancón (bosque secundario que parece selva intacta) llegamos al campamento. El padre de los chicos del hospital se disculpó por no levantarse de la hamaca, su rodilla estaba herida con motivo de una caída en bicicleta. No sé bien de qué manera montan en bicicleta los Nukak, lo cierto es que se dan maña de volverlas mierda. Siempre, además, andan con una bomba para inflar los neumáticos medio desinflados (que imagino son materia prima para las caucheras).


La abundancia de alimentos en el campamento no concordaba con la salud de los presentes, por lo menos en los modelos que hemos escuchado de algunos profesionales de salud. Estiña, con sus dos hijos enfermos, nos contaba que no podía dormir hace unos días. La esposa del ciclista accidentado respondió "mucho duele garganta" cuando le preguntamos por su estado de salud.


- ¿Cuándo van a volver a Agua Bonita? -pregunté al grupo en tono de hacer conversación.

- En 100 años -respondió con la gracia que le permitía su rodilla enferma el que parece ser líder del pequeño grupo disidente. Hablamos un rato más sobre las enfermedades que los aquejan, llamamos a Martha, promotora, para que confirmara la muerte de la mujer a causa de picadura de culebra, y para confirmar que el Nukak moreno tampoco estaba en este campamento. Finalmente, el convaleciente y su rodilla pidieron hablar con Martha. Lo hicieron. Tras un rato, colgó y me dijo:


- Ella dice que nos consigas transporte. Nos vamos todos.


Lo rápido que parecieron pasar los 100 años era solo un poco menos absurdo que su sugerencia. Así, una misión para ver el estado de salud de una población se transforma repentinamente en un operativo para movilizar un grupo de 30 personas de lado a lado del Guaviare. De poco valieron explicaciones, pero tras la experiencia en el hospital, decidí no desplegar ningún esfuerzo de logística hasta no hablar con quien parece llevar las riendas de la etnia: Martha.


- ¿Qué? ¡Yo no le dije eso! Le dije que si estaba muy enfermizo se viniera él, pero qué se van a mover todos hasta Agua Bonita…¡están pintados!


Así cualquiera es nómada, pensaba yo, mientras recapacitaba sobre lo absurda que había sido la propuesta. Sin embargo, el mundo que han conocido los Nukak es el de pedir cosas absurdas a organizaciones como la ONU, presidentes y gobernadores. De alguna manera deben tener un sentido de proporción monetaria similar al de Paris Hilton con tan magna entrada al capitalismo.


Afortunadamente, la aventura no había incluido transportar una familia Nukak sin rumbo fijo, con la seguridad plena de que ellos no entendían para dónde iban. Divagaba yo en pensamientos como este cuando sonó mi teléfono. Era Ariel. Estaba con una familia entera que se había montado en su taxi para ir a San José, y ahora querían que les resolviera su futuro.


Día horriblemente caluroso.


Propiedad gastrointestinal de:Supercontra  

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