Repelente de Libertad

Tras la presentación en sociedad del proyecto, hoy tuvimos la primera interacción con la comunidad Jiw de Libertad por medio del taller en que les enseñamos a hacer repelentes. El objetivo, más que el líquido viscoso para ahuyentar insectos, es el diálogo de saberes en torno a la enfermedad. El resultado: un sinnúmero de tangentes en torno a la malaria, apenas remotamente relacionadas la mayoría, pero muy interesantes.

Contamos con la participación de los médicos tradicionales, quienes para mi sorpresa no fueron nada tímidos con su conocimiento. De hecho, en ocasiones se extendieron mucho más de lo pensado en preguntas que yo pensaba serían de fácil respuesta. Sus aspectos son absolutamente imponentes, llevan en el aura el mundo mágico que habitan, y claro, también en los bastones tallados, las plumas y demás atuendos. De cualquier modo, hasta el más escéptico se dirigiría a ellos con respeto, en el peor de los casos, por el simple miedo a ser agarrotado con la madera maciza en forma de bate cricket.

El taller transcurrió sin contratiempos. Los participantes parecieron sorprendidos ante algunas preguntas, pero lo realmente sorprendente es que ante tanta intervención de los equipos de malaria no se les hubiera explicado el asunto:

- ¿Cómo se reconoce el mosquito que transmite la malaria?
- ¿A qué hora del día está activo el Anopheles?
- ¿A quién en esta comunidad le da más la malaria?

Al parecer, la malaria ha sido sinónimo de toldillo en las políticas de estado, lo cual ha tenido su efecto, pero también ha descuidado aspectos importantes como los mencionados anteriormente.

La expectativa que despertó el taller fue tal, que un grupo de personas más grande del esperado llegó a departir el rato. Más que el taller, creo, lo que los sedujo fue el rumor de un sancocho. Tras años de izar las banderas del sancocho y gritar mi aprecio por tan magno plato a los cuatro vientos, no puedo culparlos. Eso sí, la situación prometía ser mucho más incómoda de lo anticipado.

- ¿Nospi? -le dije a Giordano, el consejero de cabecera en cuestión de costumbres étnicas.
- Mejor…eso acá se va a formar la grande.

Y así fue: hicimos taller, enseñamos a hacer repelente, y llevamos el hueso para la sopa. Y salimos saltando muy alto y aprisa.

Día menos caluroso, un poco más nublado. En Barrancón también empieza a haber mosquito, el molesto y diminuto que acá llaman mostacilla. El ajo ha hecho maravillas, y al tragarlo entero parece no tener tanto efecto sobre el aliento. O por lo menos eso creo.

En noticias locales, parece que ayer nos perdimos el estallido de tres petardos en pleno pueblo. Por supuesto, hubo pánico y heridos, aunque solamente a causa del susto pues se trataba de un simulacro de la policía. Para ser una población que ha vivido la violencia en carne propia y muy recientemente, creo que se puede dar un parte de éxito con el ejercicio. No murió nadie (cosa que imagino no era tan clara cuando empezó la dinámica), ni las personas armadas estallaron en un frenesí de plomo: aprobado y archivado. En medio del caos, eso sí, tuve la oportunidad de hacer una observación escatológica: mis flatulencias huelen a ajo.

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