Es otra noche más…



Una visita más, con los mismos participantes. Después de las repetidas jornadas en Agua Bonita, los temas empiezan a volverse recurrentes: no hay agua, no hay comida, y hay muchas cucarachas. Como dice V, los paisanos viven en el mundo inmediato, como si el mañana no existiera.

Hoy compartimos un rato con A y M, pues fue la primera casa a la que llegamos. No estaban muy elocuentes, cosa que con los Nukak puede ser por cualquier cosa. El frío, las nubes o los mosquitos. Lo único que tengo claro es que no fue a causa del partido de fútbol entre Real Madrid y el Bayern, del cual parecían no estar al tanto (lo cual para mí es una muestra clara de las condiciones precarias de vida, pero no creo que mi comité en E.U. piense lo mismo).

Tras un rato de intentar en vano sacarle palabras al jefe de maloka y su yerno, hubo una gran algarabía por la llegada de un taxi. Los Nukak, como los gatos, son curiosos en demasía. Esta vez, sin embargo, tenía fundamento el interés que despertó el vehículo (muy a diferencia del nuestro, que ya no motiva ningún recibimiento), pues era un taxi que venía cargado de pepas y otros productos de la selva. Las pepas se cocinaron y repartieron por todo el campamento. Empiezo a sospechar que no comparten las cosas porque quieran (dado que hemos visto despliegues de egoísmo profundo, como en cualquier otra comunidad humana) sino porque de lo contrario los alimentos perecen en los hostiles y húmedos climas de estas llanuras. De cualquier forma, el altruismo egoísta alcanzó hasta para que yo probara las pequeñas frutas, del tamaño de una uva, color verde neón y con un extraño sabor a cardamomo alimonado. 

- Están muy ácidas -me dijo A.
- ¿O sea que mejor no las comemos?
- ¡Ja! ¡Claro! Buenas, mano…
- ¡Buenas! -repuse yo, mientras la comía pensando en la procedencia del agua empleada para darle cocción al alimento.

Luego de un rato deambulando por el campamento en busca de un alma noble que quisiera entablar una charla (el trabajo de campo es sorprendentemente parecido a las fiestas de 15) alguien preguntó entre la penumbra si yo compraba manillas. Por supuesto, les dije, con la idea de colaborar y dejar unos pesos, además de apoyar la microindustria. Pero qué lejos estaba, si a causa de no traer billetes sueltos no hubo posibilidad de hacer la transacción económica. Pregunté si tenían más, que por supuesto, ya las traen. Y ahora, ¿estas cuánto valen? ¿Ah, sí, más caras que en la Gobernación? Me vieron cara de marrano. Risas (pero sí, ¿cierto?). ¿Y a quién le pago? Para eso sí hubo voluntarios, claro. Al señor que nunca había visto. Y M, ¿usted está de acuerdo? No dice nada. Casi nunca me habla. Y Cómo hacemos. Todas por 50 mil pesos. Y esta otra por 15. Quedamos en las mimas, no tengo suelto. Le pago todas a él entonces, y él reparte la plata. Ah, bueno. O, mejor, vengo mañana.

(Todos, en coro):

- ¡SÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍ! ¡Venga mañana!

Luego estuve un rato con Andrés. Primero vimos cucarachas, y luego las estrellas.

Me parece que la canción de Los Prisioneros estaba inspirada en los Nukak.

Es otra noche más, de camina-a-ar.
Es otro fin de mes, sin no-ve-da-a-ad.
Tus amigos se quedaron...

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