Colorado

Llegar a Boulder con la idea de tomar un descanso de dormir en carpa y el aire libre es una especie de contradicción. Todo Colorado (o más bien los pocos centros poblados en la mitad de la inmensidad) son conocidos porque sus habitantes practican toda clase de deportes extremos. En un fin de semana, una persona puede fácilmente saltar desde un helicóptero para esquiar nieve virgen, navegar los rápidos de algún cauce glacial, escalar una de las múltiples montañas de roca sólida que ofrece el paisaje, o sencillamente correr de un lado para otro como Forest Gump. Mi tipo de lugar, como podrán imaginar. Eso sí, los habitantes que no tenían las extremidades rotas, gozaban de cuerpos esbeltos y saludables. En California conocí un aspecto sobre mí mismo: me gustan las jipis, más que el jipismo. En Colorado, de manera similar, pude ver que me gustan las deportistas extremas, más que arriesgar mi vida por un poco de adrenalina.

A pesar de ser el escenario de buena parte de los ataques de locura donde un adolescente armado hasta los dientes mata cuanto inocente se le cruza, la gente de Colorado fue lo más amable que hemos encontrado en el camino. Todos, ante nuestro acento, preguntaban de dónde somos y nos conversaban un rato. El más destacado, sin duda, un ser agitado y lleno de tics nerviosos, con pelo largo, liso y desteñido que se sentó al lado nuestro en Starbucks.

- Is this your pen? -preguntó sobre un esfero que había en la mesa.
- No, it is yours now! -repusimos nosotros.
- No way! I´ve been in jail, I´m not touching anything that isn´t mine. Unless it was alcohol, then I would drink it no problem, because, you can´t let alcohol go to waste.

Después de charlar un rato, que incluyó un cruce de halagos sobre el nombre de Jimi y el tatuaje de Jimi Hendrix que nuestro interlocutor llevaba en el hombro, llegó otro exconvicto a departir con nosotros. Nos despedimos después de compartir unos minutos muy amenos.

Nuestra visita además fue amenizada por una vieja conocida mía, de nombre Susana. Susanita, hija de unos amigos de mis padres, creció en Florida y yo apenas la veía esporádicamente cuando ella iba de vacaciones a Colombia. Siempre me pregunté cuando chico por qué mi padre tenía tan pocos amigos, de manera que su familia siempre fue muy cercana, y yo siempre pensé en ella como una especie de prima menor. Todo, claro, hasta llegar a Colorado, y ver una mujer despampanante, con una peligrosa mezcla de coquetería latina con seguridad estadounidense.

Tras completar casi la mitad de nuestro viaje, por primera vez entramos en la estúpida dinámica que despierta en los cerebros masculinos la presencia de una mujer cuya atención es el objetivo: la pequeña y latente competencia en cualquier comentario, en los dardos (donde Jimi, como buen hincha de millonarios, ganó a pesar de no merecerlo) y en cualquier otra cosa que sirviera para esclarecer cuál de los dos era el mejor. A pesar, claro, de que Susana tiene novio y la mayoría de sus invitaciones eran para verlo tocar en un concierto o cosas similares.

Nos despedimos de Colorado con la nostalgia de un soldado que se va para la guerra. Fueron unos días fantásticos, a pesar de que casi nos vamos a los puños en dos ocasiones.

Ahora estamos en Nebraska, estado que Jimi quería conocer porque Penny, de la serie Big Bang Theory, es oriunda de Omaha. Todas las personas que hemos conocido en el camino han insistido que no hay nada que hacer desde acá hasta Chicago, que lo mejor que podemos hacer es manejar todo lo posible y pasar este pedazo de país rápido. Pero Jimi no se da por vencido. Quiere encontrarle el lado positivo a Nebraska, muy a pesar del hotel de mala muerte donde escribo estas líneas, y al apestoso hedor a boñiga acumulada que emana (casi todo) el estado.

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