Chucho el pelícano



En mis primeros años de vida, como casi todos los niños, podía escuchar una y otras vez los mismos discos sin llegar al aburrimiento. Esta es, según Freud, una de las condiciones que separa los niños de los adultos: la repetición, en los niños, emociona. Como adulto, en ocasiones repetir un coito da pereza. Según Freud, por supuesto.

Entre las canciones favoritas de mi infancia se destaca el disco infantil de Piero, un cantautor argentino que marcó la vida de un sinnúmero de almas pueriles suramericanas, con un disco llamado La sinfonía inconclusa. El disco incluía, además de la pieza fantástica sobre los animales del mar haciendo música, líricas que hablaban sobre un vaquero con problemas de vista que mataba a su suegra accidentalmente, lo cual hace que todo niño se desternille de la risa. El resto de la colección se componía de iguanas que toman café a la hora del té, serpientes dementes que comen plátano con aguardiente, y pingüinos emprendedores que hacen helados paco pedido según especie en la sabana africana. En realidad, cualquier desconexión con la realidad debe ser explorada a la luz de la música infantil que oímos hasta el cansancio (de nuestros padres).

Mi canción favorita, sin embargo, es un fenómeno que no he logrado explicar con los años: nadie más tiene memoria de haberla conocido, y no existe registro en ningún rincón del internet. Chucho el pelícano, como era su título, es una de esas singularidades que experimentamos los humanos en el cosmos. Nadie más conoce la tonada ronca y de corte revolucionario, que sin duda inspiró a Los Beatles a componer Come together y buena parte del Funk estadounidense. Nadie recuerda que Chucho pescaba peces dorados bajo del agua.

Entre las muchas bromas pesadas de infancia, mis amigos intentaron convencerme de que estaba sordo. Entre ellos gesticulaban sin hablar para hacerme creer que yo no estaba registrando los sonidos de su voz. Dumpa, quien cuenta con alma de Guasón, es sin duda el autor intelectual, y contó con la colaboración de Tomás y Luis Felipe. De no haber sido por la graduación y su respectivo distanciamiento, sin duda ese grupo nos habría llevado a la fama criminal. Otra de sus bromas pesadas fue, años más tarde, intentar hacerme creer que tenía cuando niño un amigo que, contrario a Chucho el pelícano, todos recordaban menos yo. 

Lo importante, es que Chucho representa esos momentos cósmicos que uno comparte consigo mismo y nadie más. En ocasiones, como me sucedió a mí, sin darse cuenta de que es una singularidad existencial. 





Propiedad gastrointestinal de:Supercontra  

1 piedras han sido lanzadas:

Manzanita said... 03:27  

Loco, no lei nada tu post, (perdon) .. Lo leere en algun momento, en realidad , te molestaba por que lei otro post tuyo, uno seguramente muy leido, en el q renegabas de haber estudiado antropologia..
Bueno queria conversar con alguien de la vida y respecto a, ese tema en particular, La antropologia.. y la vida:p
te dejo mi mail, me gustaria contactarme con vos si es posible, gracias
(soy Ines, estoy empezando la carrera en cordoba)
duttinez_13@hotmail.com

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