El voto roto




Hace 4 años, en las pasadas elecciones, tras una serie de desencuentros con amigos cercanos, me prometí no volver a anteponer la orientación política a los lazos de amistad. Sobre todo, tras peleas sobre qué candidato iba a ser mejor o peor, ninguno obtuvo lo suyo y nos vimos resignados al mandato de Santos. Pocos días después, ambos coincidíamos en que Santos había sido mejor que cualquiera de nuestras opciones, se zanjaron las diferencias, y todos fuimos felices. Hasta ahora.

Con los resultados de las últimas elecciones, me viene al a cabeza la historia del sapo en la olla: si pones un sapo en agua a calentar, no se percatará del cambio de temperatura hasta que sea demasiado tarde. Cuando intente salir, ya se habrá cocinado. Algo así sucede con la democracia colombiana.

Yo, personalmente, no entiendo cómo ante las fuerzas oscuras del uribismo, alguien prioriza votar por la igualdad social y le da el voto al partido de granujas como Samuel Moreno. Tampoco veo cómo puede ser más importante votar por una visión de país, donde como en Peñalisa, todos se transporten en bicicletas y carritos de golf a su trabajo. Al igual que la democracia yankee, en nuestro país votar verde o votar por la izquierda es fragmentar el voto liberal, mientras la derecha vota en bloque de manera dogmática.

Sin embargo, ahora entiendo, el problema no son mis amigos que priorizan de manera diferente a la mía. El problema es que en Colombia hay un programa político Nazi, liderado por un demente como Hitler, que sige los mismos mecanismos para llegar al control político:

- Usar las agencias de inteligencia, lideradas desde palacio, para persecusión política.
- Usar alianzas de las fuerzas armadas con criminales para ejercer control político y regional.
- Abolir la independencia de las ramas del poder.
- Masacrar inocentes para presentarlos como resultados positivos de un programa político.
- Amenazar periodistas que investigan.
- Hacer caso omiso de las leyes de manejo de datos sensibles anonimizados.

El problema, realmente, es que en Colombia se cocina un nacional-socialismo disfrazado de opción política, y nosotros no lo hemos repudiado como es debido. Si alguien llegara a nuestras casas para almorzar con simbología Nazi, les daríamos un trato diferente. El uribismo NO es una orientación política democrática. Es un programa Nazi, totalitario y asqueroso. Y así hay que tratarlo, para suprimirlo sin necesidad de un holocausto (aunque las cifras de los muertos por parramilitares son escabrosas).

- 13.600 muertos durante el gobierno de Uribe.
- Impunidad: de 30 mil paramilitares desmovilizados, solo 116 están siendo investigados, y los líderes pagan penas en EEUU por narcotráfico, no por los crimenes de lesa humanidad.
- Entre nueve y diez mil paramilitares desmovilizados han vuelto a tomar las armas.
- Entre 2003 y 2008 las ejecuciones extrajudiciales aumentaron en 67%.
- Más de 250 mil desaparecidos, algunos quemados vivos en hornos crematorios.
- Falsos positivos subieron más de 150% con Uribe.



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