Manik, el de la joroba chunga


Manik el dromedario tenía una joroba chueca. Su madre le había dicho que no importaba, pero en el colegio los demás chicos se burlaban y hacían bromas. A Manik le hacía gracia si las bromas eran con cariño, y fue así como se ganó el apodo de Chungo. Como todos sabemos los sobrenombres tienen un poder imperativo sobre las personas que los llevan, así que Manik lentamente, mientras envejecía, empezó a volverse chungo. Manik, El Chungo, aún a pesar de que no sabía lo que significaba la palabra, pero era claro que tenía alguna relación con su joroba curva.

En consecuencia, todas las actividades de Manik empezaron a tener un componente chungo, un pequeño giro personal, como su joroba. Las tareas de colorear en el jardín infantil, la oración olvidada en la primera comunión, y la tesis de doctorado. Todo tenía la firma de la joroba chunga, que le daba alguna gracia.

Un día, Manik, el de la joroba chunga, decidió ir a conocer mundos diferentes. Había oído de viajeros (y los dromedarios son muy viajeros), que en Estados Unidos había una colonia de su especie. El Chungo, sin pensarlo, se embarcó en una aventura para conocer a sus congéneres. 

Cuando llegó, todos le comentaban su joroba chunga, y le hacían sugerencias sobre dónde podía hacerse un tratamiento para enderezarla. 

- Pero, a mí me gusta mi joroba chunga -pensaba Manik.

Empezó a notar en las calles, que todos los dromedarios de joroba chunga (porque claramente Manik no era el único) andaban con soportes para mantenerlas en su posición natural. Algunos comentaban:

- Era tan incómodo cuando yo tenía mi joroba chunga…la ropa se me gastaba más por un lado, y siempre tenía que llevarla al sastre.

- Yo, ¡peor! Cuando estoy en temporada, -durante la época de apareamiento los dromedarios descuidan notoriamente su dieta en favor de buscar una pareja y sus jorobas disminuyen en volumen -mi joroba se reduce muchísimo…y como se inclina a la izquierda, estoy acostumbrado a caminar de una manera. La falta de peso hacia ese lado, me marea…no me puedo concentrar en mis prioridades.

Manik, dado a la autoexperimentación, decidió incluso probar los soportes de jorobas. Sentía como si llevarla las riendas enredadas con una rama de un árbol. No fue cómodo para El Chungo modificar así su vida y su apariencia. Después de un tiempo, notó que le cambiaba el ánimo, y siempre estaba de mal genio. Manik, confundido, decidió hacer lo que mejor hace su especie: pasear. Se unió a un grupo de caminatas por el desierto, y empezó a hacer viajes a lugares muy diferentes. Unos más divertidos que otros, pero en general, todos muy buenas experiencias. Salvo Los Andes, donde conoció las Llamas, con quienes no se llevó muy bien porque eran muy montadoras y eran 

En uno de sus viajes, curiosamente cercano a la región donde había nacido Manik, en Sumeria, encontró una población extrañamente parecida a su especie, pero con dos jorobas. Unas derechas, otras para un lado, y otras para otro. Tenían costumbres completamente diferentes, pero sin embargo, en algo se sentía una empatía profunda.

- Ché, tenés la joroba chunga… -le decía Jacobo, un jocoso local que hacía las veces de guía -Si querés, yo conozco una vieja que lee la joroba, te dice todo de tu vida con solo verte la espalda…

- Interesante, pensó Manik. 





  

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