Tranquilos Colombianos, llegó papi

Por: Álvaro Uribe

Hijos míos,
Hace mucho tiempo, en la tierra que cultivaba mi abuelo campesino, conocí una frase que ha sido el Norte de mi vida: en los matorrales de las moras, la mejor siempre es la más difícil de coger. Eso es Colombia, un matorral lleno de moras. He trabajado duro por el país, abriendo el camino que nos permita a todos llegar por la mora más grande y sustanciosa. Así he trabajado siempre.

Mi carrera política siempre se ha visto empañada por subalternos corruptos y tramposos. El más reciente, evidentemente es el escándalo de mi primer Ministro del Interior, Fernando Londoño. Por eso tuve que poner uno más pusilánime, que no sea capaz de esbozar ni un mal pensamiento. También la gente con quienes trabajaba en la aeronáutica fueron investigados por vínculos con el narcotráfico, pues dejaban despegar aviones con cargamentos de cocaína. En todo caso, al igual que Samper, si algo sucedió fue a mis espaldas (aunque yo no soy sarcástico sino cínico, porque no tengo sentido del humor), y como más que subalternos tengo súbditos, jamás he tenido que responder a estas acusaciones. Menos mal que antes no había presidentes como yo, porque si no habría terminado encarcelado antes de que culminara la investigación, como los pueblos enteros de minorías étnicas que han capturado por ser sospechosos.

Como les decía, el mundo es un gran matorral de moras, y la gente se divide entre espinas y frutas. Los que no son frutas, son espinas que hay que limpiar cuanto antes. Por eso trabajo a doble ritmo. De los 8 años en los que me prometí arreglar el país (4 de día y 4 de noche), me queda apenas uno y medio y no he hecho más que modificar las cifras para que parezca que he hecho algo, pero la verdad es que cualquier presidente después de Andrés Pastrana habría logrado subir la autoestima del país. Yo he sido más bien como un prozac, pero si me reeligen, la verdad quedo en deuda, porque ya he gastado más de dos periodos porque he trabajado mucho. En todo caso intentaré robarme las elecciones, sea antes o después (como intenté con el referendo), porque como en este país ya mataron un presidente Uribe ya seguro a mi no me toca el turno. Además me protege el Espíritu Santo (así le puse a mi grupo de S.S.), y como se decía en los cassettes que llevó Piedad Córdoba al Congreso, los paramilitares se desmovilizan para hacer campaña, entonces estoy tranquilo. Ellos son como mis apóstoles, con pistolas, claro.

Para despedirme quiero dedicarle toda mi obra política a mi abuelito, que me enseñó la anécdota de la mora, y con la que he podido conquistar este poquito de tercer mundo. Viva mi abuelito, Alois Uribe.

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