El país de las sombras largas

A mediados del siglo pasado, un excéntrico matemático intentaba entrar en el competido mundo académico de Helsinki. En ese entonces, un requisito indispensable para la estadística era el conocimiento en demografía, de manera que le fueron solicitadas sus credenciales para poder entrar al selecto grupo universitario. Thornqvist, en medio de sus locuras, decidió trabajar al margen del resto del conocimiento producido. No citó a nadie ni publicó en journals reconocidos por sus colegas. Se limitó a abordar el tema de los errores en las proyecciones de crecimiento demográfico en un par de artículos y cuando fue recibido desarrolló la contribución por la que se le conoce en economía en números indice. A pesar de ser huraño, se casó y procreó, y su muerte fue celebrada por sus estudiantes pues según cuentan no era en absoluto diplomático para hacer sus críticas.

Antes de morir le enseñó a su nieto uno de sus intereses personales: la programación. En medio de su mal carácter, pudo darle suficientes bases a su descendiente como para que experimentara en el desarrollo de juegos, editores de texto y otras aplicaciones, entre ellas su tesis de maestría: el kernel de Linux, sistema operativo que ha sido bandera en la discusión de libre distribución y en torno al cual se ha construido un mito. Algunos especialistas dicen que no hizo nada especial, que dada su posición, no se podía esperar nada diferente. La sociedad, sin embargo, no es especialista, y Linus Torvalds ya pasó a la historia.

Lo interesante de la historia es cómo representa lo volátil que puede ser el conocimiento con respecto a la historia. El abuelo de la ejemplar familia finlandesa pasó rápidamente a la ignominia, aun a pesar de haber hecho contribuciones significativas en múltiples áreas. Su nieto, autor de un porcentaje ínfimo del código actual del famoso kernel (y controvertido en sus prácticas de defensa del software libre) es un icono moderno.

En alguno de sus textos Nietzsche habla de la importancia que tiene la capacidad de olvido para el individuo. Parecería que en la memoria colectiva dicha virtud es bastante errática, incluso al punto de llegar a la ironía. Thonrquvist, preocupado por desarrollar métodos más acertados que la descomposición espectral de alguna cosa acabó por ser sepultado en la especificidad de su aporte al conocimiento. Linus, de contribución controvertida entre especialistas, goza de un lugar privilegiado.

De manera similar a mediados del siglo XIX Charles Henry Webb llegó a buscar fortuna a California. Épocas hermosas para la industria editorial estadounidense en las que el imperio Hearst todavía no había puesto las manos sobre las comunicaciones, y todavía se podían publicar diarios que no fueran rentables. El castillo Hearst, a manera de Hacienda Nápoles, se yergue como un estandarte del fin de los buenos tiempos. Antes de cerrar por quiebra, después de una sorprendente batalla por varios años, Webb tuvo la oportunidad de contratar a Bret Harte para encantar con sus columnas y poemas del oeste a las lejanas gentes de Nueva York y la costa opuesta de un imperio en formación. Harte, a su vez, encontró un particular sujeto de nombre Sam Clemens que contaba con ingeniosas colaboraciones en varios periódicos en las que se hacía evidente su talento. Harte lo incorporó al equipo de The Californian, y años más tarde el señor Clemens deslumbraría al mundo con variados ensayos, columnas y libros firmados bajo el nombre de Mark Twain.

Los ejemplos del estilo resultan infinitos. A diferencia de la dupla escandinava, Harte y Twain son dignos de admiración profunda por cualquier persona que aprecie un trato amable y certero de la palabra. Sin embargo, el lugar que ocupan en los anaqueles de la historia ilustra bien un curioso caso de la naturaleza humana: la obsesión por la historia inmediata. En una conferencia posterior al primer conflicto del Golfo Pérsico, el corresponsal de la BBC decía que los medios modernos actúan en el periodismo como pequeños agujeros de llaves por los cuales uno puede ver una pequeña porción del acontecer en vivo, con el alto costo de sacrificar la perspectiva.

En nuestra realidad, tal vez la insistencia de Mokus en reconocer la labor de Castro sea un ejemplo evidente, pero en aras de combatir el frenesí mesiánico tanto del uribismo como de sus opositores, los esfuerzos más sensatos deben enfocarse a rescatar los valientes actos de tantas personas que, a pesar de canallas como Pastrana, Escobar, Santos, Michelsen y demás bellezas que componen nuestra diversa fauna política, han logrado que la patria se mantenga, cojeando, pero andando.

Propiedad gastrointestinal de:Supercontra  

1 piedras han sido lanzadas:

Now, Catastrophe! said... 02:31  

Buen artículo, excelente blog.

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