el nado del hipopótamo

Uno de los legados más paradójicos y célebres del famoso capo y otrora hombre más buscado del planeta es una población de hipopótamos en medio del trópico suramericano. Una de las preguntas más interesantes que plantea el experimento viviente es, ¿qué demonios pasaría con las conductas de estos animales, especialmente dado que muchos nacieron en cautiverio, y muy lejos de su ecosistema? Recientemente, un estudio que documentó los comportamientos de ratones de laboratorio al ser sometidos a un medio de cautiverio que simulaba condiciones de libertad sorprendió al mundo científico al arrojar como resultado que los animales, rápidamente y después de muchas generaciones de nacer en cautiverio, retomaban las conductas características de su especie en libertad.

De la misma manera, parece, los hipopótamos colombianos tienen un sistema social similar al de sus primos africanos, y cuentan con un macho que monopoliza tanto playas como hembras. Cualquier otro macho que entre en edad reproductiva, por lo tanto, deja el grupo con miras a construir su harem en otras playas. De manera que no deben asustarse los turistas de Vesudo si se encuentran, por ejemplo, a un adolescente cabrío mientras viajan en crucero por el Magdalena con la personalidad de Fernando Vallejo y la capacidad bélica de Uribe (vaya aberración). Los hipopótamos son, a manera de dato curioso, el animal que más muertes humanas causa en el continente negro.

El osado explorador fue materia de burla en medio de un grupo de estudiantes de Stanford hace pocos días. El pobre hipopótamo, en busca de sexo, no sabe lo absurdas que resultan sus expectativas de encontrar similares río abajo.

Jua-jua -reían los estudiantes entre el carro deleitándose con la historia, mientras manejaban rumbo a una fiesta, con la esperanza de que estuviera llena de chicas.

Tristemente, si yo tuviera que apostar por alguna de las historias, tendría que poner mis fichas en el hipopótamo. Como si no fuera suficiente, el peregrinaje por el Magdalena no sólo se aplica de manera casi literal a la vida de los habitantes de Stanford, sino que se vuelve una metáfora profunda y sensible sobre la vida académica tipo monasterio. Investigaciones por doquier tan sensatas como puede parecerle al cuadrúpedo su causa, que exploran toda suerte de aspectos del mundo, y la vida y el universo.

Uno de los temas más descriptivos de la vida de un estudiante graduado, según he visto los últimos días, es la devoción absoluta por las llamadas del supervisor. Cualquier plan, sin importar su naturaleza, está sujeto a horarios de terceros, profesores, que caprichosamente llaman en el momento mismo que ataca la inspiración. Los estudiantes, por supuesto, son capaces de salir inmediatamente su actividad en curso, sea esta nadar en el amplio océano, embriagarse hasta la muerte o intimar con un colega.

Lo peor del caso es que no puedo esperar a que empiecen las clases y estar ocupado día y noche. Estoy tan emocionado que llegué mucho antes de lo que esperaban. De poco me ha valido haber llegado con tiempo, pues las vueltas dependen todas una de la siguiente, y buena parte sólo se puede llevar a cabo en una o dos semanas. En las oficinas, que ni siquiera tienen filas todavía, funcionarios muy diligentes (viejitas voluntarias) me explican todo junto a los estudiantes asiáticos que también llegaron muy temprano.

En medio de esto, la vida en un campus que parece club campestre y la convivencia con Tomás son suficiente para recolectar historias. Ejemplo uno: la organización de colombianos de la universidad está cerca de lograr nombrar un canadiense como presidente, que ha resultado bastante diligente pero cuyo máximo atractivo es decir que "el gran fiesta latino debe haber muchos empanadas". Ejemplo dos:

- ¡Tomás, güevón! ¡Espero que no se haya lavado los dientes con mi cepillo!
- Uy. Yo también...

Por todo ello, cuando sea que vean un estudiante de doctorado (o en su defecto un primo del Hexaprotodon), apiádense un poco y tengan la bondad de no preguntarle lo que hace y cómo va todo porque corre el riesgo de poner la vida en perspectiva, y en cambio, denle un poco de ánimo.

Además, estudios de neurología muestran que ciertas neuronas funcionan dependiendo del lugar físico donde uno se encuentre. Emociones, recuerdos o traumas, no se sabe. Lo cierto es que resulta extraño, además, llegar a establecerse en un lugar que siempre ha significado vacaciones. Mi llegada ha sido como si me fuera a vivir a Peñalisa o Anapoima.

¿Que cómo estoy? Parezco un marrano que va contento al matadero.

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