:-) MMVIII!!!

Dear Friends,
I hope you all are blessed by my presence (wise, drunk, dancing, annoying or nude) in your life on 2008, regardless of your creed, calendar and banquet choice to celebrate. I know you will be happy to receive my love. I too hope to be blessed by your presence and learn from those who are wise (very few, I must confess), exchange toasts with drinkers, teach some of you my secret salsa moves, beat up any annoying life form smaller than me, and, well...enjoy the body of some (but not all). Or, at least know some of you enjoy each other's virtues of physical and psychic form (and not get arrested while at it).

Let us pray to all gods, existing or not, to improve the odds and to have more holidays, for the species and languages that became extinct, for the national colombian foot ball team, and for human wisdom to chose a path that isn't worse.

Let us hope our filthy politicians find true love, peace, happiness and the meaning of their lives, and then have it taken away and get the ugly and prolonged death they deserve.

May technology advance so we can clone Nataly Portman, make trips to the moon and find a cure for the common flu. And also, if possible, finally invent something that relieves us from the pain of using prime numbers, cents and sports narrators.

All this I wish to you, and more.

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Queridos amigos hispanoparlantes,
Sepan recibir un saludo especial para celebrar estos feriados. Si no hablan inglés, no le presten mucha atención al mensaje anterior ya que lo plagié de una página de internet.

Mis más sinceros deseos para soportar con estoicismo las payasadas venideras de nuestros gobernantes y los vecinos. El mensaje en inglés está cargado de deseos de sorpresa, sin embargo, nosotros entendemos que no siempre estas son deseables así que mejor les deseo un año estable y lleno de prudencia. Que no se encuentren llenos de tecnología, porque entonces también tendrán detrás millones de pesos en deudas con empresas como Comcel, Movistar, y TvCable, que además prestan un servicio pésimo. Que la ciencia no se desarrolle, porque como hemos visto con el caso de Patarroyo, será siempre a costa de la biodiversidad y de la sana competencia. Que no prosperen mucho en sus negocios porque eso es dar papaya, y como está la situación, lo mejor es tener bajo perfil. Si les da gripa, pues podrán capar trabajo, así que ojalá no inventen una cura. No puede allá uno verse más seguido con los seres queridos porque entonces estos vacían nuestras neveras y los bares, de manera que les deseo recogimiento y soledad. Dadas las conductas de nuestros representantes religiosos, lo mejor que le puede pasar a uno es distanciarse un poco de la Iglesia para no estar cerca de la forma abusadora que toma la mano de Dios (y mucho más si de fútbol se trata). Que su equipo favorito no gane muchísimo, porque seguro es con dineros sucios y después acaba en la lista Clinton, o bajo el mando de las aún más corruptas oficinas del Estado. Celebrar desmesuradamente el fin de año normalmente acaba en quemados con pólvora y peleas de borrachos, de manera que les deseo fiestas austeras y aburridas. Y por estos días tampoco puede uno desear buen clima porque entonces se derriten los polos, se extinguen nuestros bosques, y nos jodemos todos.

Que cante el primero al que le haya servido que el país haya crecido al 20%, pero al resto, les deseo que la economía se detenga en su alza para ver si los que nos quedamos fuera podemos montarnos.

Mejor dicho, lo mejor que puede hacer uno es desearle un año igual al que se acaba o un poquito peor para ver si así la cosa mejora. Paradójicamente, todas estas cosas, junto con amigos y familia, hacen mucha falta en estas fechas.

Felices fiestas.

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Crónicas marcianas: Cafe Gratitude

Si el subcontinente indio es como Disneylandia para los viajeros espirituales, California viene siendo como un San Andresito, donde se encuentra de todo, un poco pirata pero mejor empacado. Un claro ejemplo es una nueva cadena de restaurantes para gente empecinada en mostrarle a la humanidad que eso del fuego, por lo que vive un inmortal encadenado, fue un giro equivocado en la historia.

Cafe Gratitude, como su nombre lo indica, es mucho más que café. De hecho, ni café sirven, porque es cocinado. Tampoco infusiones, queso, o cualquier otro producto que suene medianamente suculento. La gratitud, según parece, está dada por la capacidad de apreciar un menú bastante austero. Sin embargo, hay que reconocerlo, son bastante creativos y logran disfrazar espinacas (crudas, por supuesto) y lechugas para que uno no se sienta totalmente estafado cuando llega la cuenta, donde sí debe mostrar uno su inmensa gratitud.

La filosofía del lugar (porque eso de restaurar estómagos ya parece estar pasado de moda) es ser más consciente de la comida, apreciar el alimento, y cuanta burrada nueva era pueda verbalizarse en forma de comida. Y claro, he de aclarar que yo no soy totalmente escéptico, pero resulta un poco difícil no burlarse de un menú donde los platos llevan por nombre "Soy grandioso", "Soy especial", y "Soy apasionado". Casi como leer en voz alta un libro de Fernando Vallejo. Sin embargo, no hay un plato llamado "Estoy cornudo por la mesera esbelta, medio hippie y retatuada".

Antes de ir me advirtieron sobre la actitud de las meseras: descomplicadas señoritas que no ven problema en interrumpir sus labores para departir con los comensales, y en arrebatos de irreverencia incluso encontrar camino hasta los platos que acaban de servir. Pues, sería mi voz lasciva cuando intentaba decir en el tono afirmativo que predican, "Soy grandioso", pero ninguna señorita (seguro, además, todas hiperflexibles por el yoga) osó romper los cánones occidentales del servicio al cliente para compartir mi plato. Ni me ofrecieron un masaje tibetano, ni una pruebita de sexo tántrico (aún después de informarles que el desespero de mi rostro era producto del estéril mundo afectivo de Stanford).

Pasado un rato de comer pasto, se da uno cuenta que las mesas vecinas están ocupadas por las meseras mismas, quienes degustan con alegría y entusiasmo los platos del restaurante. Cosa que, a simple vista, es un buen indicador de la calidad de un lugar que sirve comida, pero que a partir de un momento invita a una reflexión importante: si los shots de clorofila y demás bondades del menú tienen por virtud regular el sistema digestivo, y si además estos primores comen como vacas, está claro que no van a producir muestras fecales de princesas sino que van a cagar a chorros como todo buen rumiante, pues por más selecto que sea su alimento todo tiene que ir a dar a alguna parte (créanme, yo estuve en India).

Y es acá donde uno llega a una encrucijada: ¿es preferible un mesero saludable y contento, que frecuente el retrete entre plato y plato? ¡No señor! Sana costumbre la colombiana de comer chigüiro, y de prevenir el contacto con las feces por medio de la alimentación. Mis meseros los prefiero con estreñimiento.

Segunda consideración de vital importancia para este híbrido de Trainspotting con la familia Flanders: ¿debe un ser humano limitar sus experiencias a las cosas bellas de la vida? ¿Por qué no hay, por ejemplo, platos que lleven por nombre "Pena amorosa", "Perdió el América", o "Puto Jefe"? Sería interesante, todo un experimento de las ciencias sociales contemporáneas, documentar un diálogo entre los mandatarios nacionales de Colombia y uno de estos seres llenos de alegría, que como Mokus, piensan salvar al mundo a punta de zanahorias. Recuerdo de mis días en Indonesia que los terrenos vecinos (antes relativamente públicos por estar en manos de locales) eran altamente valorados por tener tramos inmejorables para bañarse en el río, hasta que un grupo de europeos frutarianos (que comen sólo aquello que cae naturalmente del árbol) compró el lugar y lo cercó.

Pensaría uno, además, que los cruderianos (como llamaremos en Supercontra de ahora en adelante a todo rumiante humano que pretenda desconocer el valor del fuego) son la rama extrema de la comida saludable. Sin embargo, se sorprende uno al ver que, al igual que con la política, el extremo irracional resulta mucho más central y sensato de lo que uno imagina: están además, los ya nombrados frutarianos, pero ha tomado mucho auge una nueva doctrina que no pretende arremedar con cuerpos humanos a los asnos u otros mamíferos, sino que además cuestionan la necesidad de ingerir comida y dicen que todos los nutrientes los puede extraer uno del aire, respirando. Los "breatharians" (que llamaremos respirianos) son personas difíciles de conocer, naturalmente, porque no pasan mucho tiempo vivos después de convertirse. Pero los menciono sólo para que el éxito de Cafe Gratitude en California pueda ser puesto en perspectiva, en su calidad casi de comida chatarra y de cadenas de consumo.

Sin embargo, y entre tanto, es necesario reconocer que mientras dura la experiencia es reconfortante. Si se complementa con uno que otro combo de McDonald´s, puede no ser perjudicial para la salud frecuentar estos lugares de vez en cuando. Pero, sobre todo, al igual que con Alexis el de InVitro, se puede burlar uno todo lo que sea, pero no es sino ver a las meseras para darse cuenta que el problema realmente es que no sea uno objeto de su afecto.

La presente reseña recomienda el lugar para cualquier persona que tenga que comunicarle a un subalterno que está despedido, a la pareja que le ha sido infiel, o a los padres un cambio de sexo. Así, a los pocos minutos, tendrá la víctima una guapa alternayupi con un intento de hamburguesa de pasticos gritando a los cuatro vientos con el entusiasmo de un recreador infantil, "Estaaaas: reeeenacieeeendoooooo...."

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Crónicas marcianas: latitudes infantiles

De los múltiples destinos que puede tener una exploración antropológica, definitivamente debo considerar que mi paradero es un privilegio absoluto. Los nativos de estas latitudes exhiben conductas primitivas, que permiten establecer lazos directos con los estudios más detallados sobre la forma de vida del hombre cavernícola del paleolítico. Ese eslabón por tanto tiempo esquivo para conectar, por ejemplo, a William Vinasco con Álvaro Uribe y Fernando Vallejo.

Tienen estas gentes por costumbre, por ejemplo, batirse a golpes como actividad deportiva. El aparente progreso que ha tenido nuestra especie en los últimos milenios es acá tecnología desconocida, al punto que todos los deportes llevan como implemento protección en la cabeza. Dado que su cultura primitiva es altamente ritualizada, no es suficiente que sean unos pocos quienes se causan contusiones cerebrales actuando como animales: todos los encuentros son seguidos atentamente por gentes que a la menor provocación salen de sus cabales para emitir unos sonidos guturales y tribales.

Pero no sólo en los deportes siguen estas gentes normas puntuales y establecidas. Cualquier actividad está sujeta a normas detalladas, que de momento superan cualquier método etnográfico. Pasan de una actividad a otra como si se tratara de un cambio absoluto de cerebro, capacidades cognitivas, e incluso rasgos de personalidad como la vergüenza. En la vida diaria, por ejemplo, parecen ser increíblemente recatados y pudorosos. Sin embargo, si se dice fiesta no escatiman energía al desbordarse en bacanales descontrolados donde dan rienda suelta a todos sus instintos. El trabajo debe ser gobernado por alguno de sus dioses más importantes, porque así no tengan un día particularmente ocupado y productivo se sientan horas enteras en algo que más tiene connotación de pagamento que realmente de oficio o profesión. Incluso el ocio, cosa absurda, parece tener momentos muy definidos y códigos puntuales que yo, a pesar de mis esfuerzos inhumanos por comprender su cultura, desconozco, por lo cual con frecuencia soy motivo de burla para los salvajes.

He desarrollado, sin embargo, una sospecha que puede sonar a osadía absoluta; que cuestiona los paradigmas mismos de la antropología, pero que sin embargo, sería una explicación precisa y profunda de esta cultura de bárbaros que parecen no seguir ningún principio humano. Mis detalladas observaciones de sus hábitos me ha llevado a pensar que siguen estas gentes un sistema de castas extremadamente estructurado y meticuloso que permea todas sus actividades y que condiciona sus conductas. Más aún, dicho sistema expresa los niveles de especialización de los individuos en oficios, de manera que mantiene en orden el sistema social que aparentemente no sigue ninguna regla. Es una bella demostración de la diversidad de la conducta humana, incluso entre sociedades trogloditas como esta. Un hermoso ejemplo de la complejidad misma de la interacción, de la articulación del ser a un grupo para su realización. El origen mismo del sujeto, incluso en su expresión más precaria e impura.

Mi teoría, sin más demora, es que estas gentes viven un largo proceso de entrenamiento en las conductas personales de cara a la sociedad en sus primeros años, y que son expuestos de manera no explícita pero sí intensa, a elementos mágico-religisos por medio de los cuales representan y construyen su identidad. Estos elementos usualmente hacen parte de una fauna mitológica, fuertemente asociada con sus creencias sobre el origen del universo, y que están en un balance muy articulado y complejo. Tigres, elefantes, conejos y tucanes: cada uno tiene sus propias características, y más aún, cada uno es representado de una manera diferente por los miembros de su clan, y por ello la importancia tan grande que se le atribuye a educar los niños con estas figuras, todos los días, en el desayuno.

Inlcusive, he llegado a pensar que los rituales adultos en campos como el de las relaciones familiares (el intercambio de mujeres entre clanes o castas), las dinámicas dentro de los grupos en actividades productivas, la tradición oral, e incluso su música, no son más que escenarios de representación donde la idea es volver al momento mismo de la educación, de la iniciación en la casta, y asumir las actitudes de los niños cuando son expuestos por vez primera a las costumbres de su grupo. Por medio de la representación de esos años de infancia logran perpetuar el rito de iniciación, y por medio de este, su cultura. Podemos decir entonces que esta gente vive en un programa estricto y metódico por volver a sus edades tempranas. Un constante reconocimiento a la iniciación, que, por medio de la paradoja, marca la diferencia que genera desconcierto a visitantes de grupos humanos más civilizados: la eterna búsqueda del actuar de la edad temprana.

Entre tanto, como es natural, después de un tiempo de estar acá empiezan las mujeres locales a parecerme atractivas. Ocasionalmente me sorprendo observando a esas que por salvajes y de rasgos exacerbados me parecían vulgares a mi llegada. Incluso, creo que me he habituado bastante a la manera como decoran sus cuerpos y a sus costumbres, y creo haber aprendido a apreciar los elementos que antes me parecían exóticos y pintorescos. Los rituales de cortejo, sin embargo, son todavía un misterio para mí. Más aún, las historias de tradición oral narran acontecimientos de salvajismo caníbal en relación con incidentes en este campo, de manera que es un campo que me intimida.

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