de tarados a precolombinos



Elocuente y paradójica coincidencia del azar resulta viajar por estos días del aeropuerto internacional George Bush (papá, cuando todavía no producía el incesto un hijo tarado en el linaje estadounidense) al modesto El Dorado (que como el mito, más parece historia de mentes audaces que proyecto con miras a realizarse).

Elocuente, porque como el boarding pass, el viajero experimenta un viaje de una tierra donde la democracia funciona para elegir tarados, a eras precolombinas donde la población del Nuevo Mundo fue arrasada por enfermedades infecciosas que portaban los europeos de higiene relajada en su momento. Paradójica, porque en su travesía el pasajero observa el paso de un lugar donde ya hay muertos confirmados pero la gente no usa tapabocas, a un lugar donde todo el personal del aeropuerto luce como cirujano frustrado a pesar de que no se ha dado el primer muerto en el país (por la enfermedad, claro está).

La sorpresa de encontrar al personal del establecimiento con tapabocas es tan solo un elemento de los muchos que generan desconcierto del manejo que le han dado tanto los medios como el gobierno (y los medios a los pronunciamientos del gobierno, que es una bestia diferente) a lo que parece una inminente amenaza, señal del Apocalipsis como la unión gay y el comunismo en América Latina, según reportes. Según reportes colombianos, naturalmente, porque con respecto a las máscaras, que probablemente acabará importando una empresa de los hijos del presidente, la Organización Mundial de Salud advierte:

Advice on the use of masks in health-care settings is accompanied by information on additional measures that may have impact on its effectiveness, such as training on correct use, regular supplies and proper disposal facilities. In the community, however, the benefits of wearing masks has not been established, especially in open areas, as opposed to enclosed spaces while in close contact with a person with influenza-like symptoms.


Más aún, el uso incorrecto de máscaras puede AUMENTAR el riesgo de transmisión. En tal categoría, me atrevería a insinuar, caben los usos hip-hoperos del adminículo médico alrededor de la cabeza o sin cubrir la boca, el reciclaje día tras día de la misma máscara, y las pocas (o nulas) medidas que hay para la disposición de basuras médicas.

Al consultar los medios especializados, cosa que la prensa parece no hacer en Colombia, encuentra uno afirmaciones como la siguiente en la revista Nature (a quienes seguramente el uribismo acusará de guerrilleros):

Most cases detected so far have been mild, with relatively few deaths for the number of cases observed. But reliable data are still lacking in Mexico, where most cases have occurred, and the number of cases in other countries remains too small statistically to detect levels of even 1–2% mortality rates, lower than the the 1918 H1N1 influenza pandemic.


Adicionalmente la revista reporta que el número estimado de casos nuevos que un individuo infectado causa es de 1.4 (cuando el de la influenza estacional varía entre 1.5 y 3). El tiempo de generación, otra de las variables importantes para describir una epidemia, parece estar más cerca de 3 días que de 5, tal vez el único factor de alarma entre los datos revelados.

Ante los datos, desconcierta el comportamiento frenético del pueblo colombiano, obsesionado con el tema tanto como los medios y el gobierno, tomando medidas OPUESTAS a las recomendadas por la OMS. Adicionalmente, el alarmismo del Estado no es acompañado por medidas coherentes, como el número de dosis antivirales adquiridas (muy inferiores a países con programas de contingencia serios).

Sin embargo, lo que tal vez más alarma causa, es que la comunidad científica coincide en que sí puede ser un motivo de preocupación, sobre todo porque en epidemias de influenza el virus muta rápidamente y hay un alto grado de incertidumbre. Anne Schuchat, del US Centers for Disease Control and Prevention, sostiene que su mayor preocupación es lo que suceda con el virus en otoño. Lo triste es que para ese momento seguramente la atención del gobierno colombiano estará centrada en asuntos diferentes, y con ellos los medios tendrán su chiva de turno. Y en medio del frenesí colectivo, como ahora, nadie tendrá reparo de dar recomendaciones o tomar decisiones que considera apropiadas SIN CONSULTAR opiniones expertas.

Si los pueblos indígenas precolombinos fueron diezmados por enfermedades infecciosas, tal vez ahora nuestro pueblo sea una analogía, incapaz de asimilar alertas sin llevar a la esquizofrenia popular. Y mientras tanto, pasan referendo y se enriquecen los hijos del presidente. Es evidente, eso sí, que los colombianos padecemos algún mal con tanto síntoma suelto en la calle, pero más parece ser hipocondría crónica, demencia de masas, o falta de criterio, que una epidemia de gripa porcina. Esta, a su vez, llegará cuando menos lo esperemos.

Propiedad gastrointestinal de:Supercontra  

1 piedras han sido lanzadas:

Anonymous said... 16:50  

Cierto todo lo que dice!

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