La paradoja del Edredón social

Siento la obligación existencial de documentar este episodio. Antes, una introducción para entender el contexto teórico donde tiene lugar la aventura.

1.

Imagine una guerra donde dos ejércitos intentan atacar una ciudad. Cada uno, de menor envergadura que el de la ciudad, de manera que debe ser un ataque coordinado para doblegar la defensa.

Para ello, se hace necesario enviar un mensajero, que debe pasar por la ciudad (o campo enemigo). En caso de hacerlo, y lograrlo, quien recibe el mensaje debe enviar noticia de haberlo recibido, para que no quede la duda de que el mensaje jamás llegó.

Así, al recibirlo, el emisor original se ve obligado a notificar nuevamente que el mensaje le llegó. Y así, sucesivamente, de manera que el ataque nunca se da.

Según entiendo, el trabajo teórico de nuestro querido Tomás permite superar el ciclo vicioso y diferenciar entre equilibrios isomorfos en el marco de las redes sociales. O algo parecido, que no entiendo del todo. El término en inglés es Social quilting, algo como edredón social.

La formulación asume:

a. No existen los celulares.
b. Las guerras humanas se parecen a las de El Señor de los Anillos.

Pero, sobre todo, la más importante y relevante para entender el episodio,

c. Es posible entender y abordar los problemas de coordinación humana.

2.

Suena el teléfono.Tomás piensa que debe ser Adriana para encontrarse con él y recoger las llaves del carro.

- ¿Alo?
- ¡Tomás! Hola, habla Shu...
- ¡Hola Shu! ¿Qué tal todo?
- Bien, gracias...
- ¿Qué tal estuvo el viaje por China? Yo ya estoy muy decidido a irme para China cuando me gradúe. Es maravilloso, ¿no?
- Sí, bueno, yo...
- ¡Claro! ¡¿Qué digo?! Hablándole yo a una china de su país, mejor cuéntame tú. ¿Qué tal la comida? Debe haber una comida callejera buenísima...
- Sí, yo realmente trato de comer en casa, pero, Tomás, luego hablamos de eso. ¿Dónde estas?
- En la oficina.
- En la oficina...¿Por qué?
- Trabajando...
- Trabajando...mmm...¿no viste el correo?
- ¿Correo? ¿Cuál correo?
- La reunión...
- ¡¿Reunión?!

Tomás bota el teléfono (a pesar de que es celular, y podría llevarlo consigo) y se incorpora con un intrépido salto abriendo la puerta con mano y narices, para llegar a la puerta de su jefe y dando a todos noches muy felices con más de dos o tres golpes.

- ¿Qué hace allá, güevón? -pregunta desde un salón vecino un economista que no sin causa importante sería parte de la misma comitiva.

Ya en el aula con quórum a la expectativa pero sin expositor, el supervisor de Tomás lo saluda y apunta:

- ¡Muchacho! Parece que has olvidado tu computador...

A lo cual Tomás respondió como un llamado al Juicio Final, saltando tal alto y a prisa que se mordió la lengua, chorreó la camisa, y olvidó el ratón en su oficina, de manera que cuando el Ubuntu falló tuvo que repetir la faena hasta poder llegar finalmente al salón, donde tras esta larga aventura pudo hacer su exposición.

El futuro premio Nobel, profesor de Tomás, no perdió sino 40 minutos de su agenda mientras esperaba. Los demás compañeros seguramente comentaron en sus familias el curioso incidente, y la señorita Adriana solita quedó.

3.

- ¿Chino? Habla Adriana, ¿está ocupado?

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