Lluvias y entrevistas entre los Nukak

La visita de la profesora Evans ha motivado toda suerte de actividades, tal vez algunas por coincidencia, pero otras definitivamente por la energía que ella trae consigo. El viernes, tras un viaje sin contratiempos en auto desde Bogotá, decidimos ir a Agua Bonita para que ella detallara los métodos utilizados por la investigación. Ha hecho muchos comentarios interesantes, tal vez la contribución más significativa es que debemos proceder a una fase menos pasiva (para conocer a la gente y dar a conocer el proyecto), hacia una recolección de datos mucho más diligente y activa.

El viernes, para hacer un recuento cronológico, procedimos a llenar uno de los formatos de observación, donde se pretende registrar una vez por persona lo que hace cada cual. En general ha sido difícil distinguir los chicos, y por ende, levantar datos relevantes. La accidentada visita (porque las frecuentes lluvias nos enterraron en la trocha de llegada) transcurrió sin mucho estrés y pudimos saludar a varios de los miembros del grupo.

La lluvia, nuevamente abundante, parece entristecer bastante a los Nukak. A nuestra llegada todos estaban con sus ropas más abultadas, y bastante silenciosos. Costaba sacarles palabra más allá del saludo, y cuando se lograba era casi siempre con tono elusivo y de despedida.

Había dos chicos de visita, según nos dijeron procedentes de Charras, y con miras a conseguir esposa. Tras una breve discusión de grupo, pensamos que la única soltera elegible es Yolima, quien parece estar en edad óptima para formar pareja dentro de las historias de vida que hemos conocido. Veremos qué pasa, pero definitivamente coincide con lo documentado en otras etnografías, donde se describe la cosecha de chontaduro como la ideal para este tipo de gestas.

El sábado nos apuramos a salir de casa porque estábamos invitados a pasar un tiempo con los médicos tradicionales del pueblo Jiw. Antes de salir, y tras experiencias anteriores, decidimos llamar para saber si era oportuna nuestra visita. Enhorabuena por la intuición, ya que del otro lado contestó el líder de los payés, en plena jornada de siembra de yuca. Giordano sugirió ir después de almuerzo, lo cual cambió moderadamente los planes.

A nuestra llegada, yo expresé mi deseo de conocer sus métodos de prevención de la enfermedad, dado que nosotros ya habíamos compartido con ellos el repelente natural fabricado por Giordano. Ellos, lejos de las preocupaciones de robo de conocimiento que me habían anticipado de otras comunidades, se alegraron bastante por la pregunta y sin mucha discordia procedieron a bañarnos con un polvo rezado de nombre "pachem", vocablo que en su propia lengua denota "bien" o "dulce" y que además se usa para responder si alguien saluda preguntando: Moi, mas neham (hola, como estas?).

Tras restregar en nuestros cuerpos el polvo sagrado, el líder se embarcó en una tarea bastante complicada: narrar en un corto lapso sus mitos de origen. Vaya sorpresa nos llevamos al saber que para ellos la historia debe ser narrada en una velada completa (ojo de tigre es la expresión que usan para no dormir en toda la noche), por lo cual agradecimos que pudiera compactarla en apenas unas cuantas horas, además de hacerlo para nuestra conveniencia en castellano. De poco sirvió, en todo caso, pues el tamaño esfuerzo resultó en una historia fragmentada (algo así como la Biblia contada en 15 minutos), de la cual Jimmy, quien parecía entender bastante, apenas pudo entender que hubo una carrera de natación donde ganó el hombre y ello dio origen a todas las gentes que habitan la tierra.

Para mí fue de particular interés que el mono nocturno gozaba de un papel protagónico. Según entiendo, porque fue el animal privilegiado con todos los alimentos, que gozaba en la altura de un palo muy largo al borde del mar. Los demás animales, hicieron intentos variados por acceder a las bondades paradisiacas, pero fallaron en múltiples ocasiones. No me quedó claro si finalmente lograron bajar de su moto al monito. Sin embargo, fue grata la historia en presencia de la profesora Evans, quien cuenta con numerosas publicaciones en las costumbres de esta especie. Tal vez para entender la narrativa es necesario romper los límites de la razón a base de los estimulante que ellos emplean, actividad a la que fuimos invitados pero a la cual desafortunadamente no pudimos asistir.

Seguimos el rumbo hacia Agua Bonita, donde nos esperaba una jornada para ensayar algunos cuestionarios diseñados con la ayuda de la profesora Evans. El resultado no podía haber sido más desmotivante, no parece ser la herramienta ideal para levantar información con los Nukak, por cuanto despertó serias objeciones en el grupo, además de producir más confusión que diálogo entre el antropólogo y el entrevistado.

El camino de llegada fue largo, dado que el lugar donde el día anterior nuestro vehículo casi fue devorado por el lodo estaba aún peor a causa de las lluvias torrenciales de la noche. Ampox, el Nukak que nos encontramos en la carretera y quien siempre está alegre de interactuar de buen ánimo, se quejó casi todo el camino, diciendo que era muy largo hasta la maloka y maldiciendo la suerte que nos había obligado a dejar el automóvil. Paradójico, pensaba yo, que un pueblo nómada se queje por caminar unos cuantos minutos si en sus costumbres está el andar por días enteros.

La caminata, de aproximadamente 40 minutos, fue un grato lugar para departir (o tal vez era cuestión del día), pues no fue sino empezar a caminar para que se extendiera nuestro compañero en historias sobre muchas cosas que tampoco pude entender a cabalidad. De interés particular, que él sugirió que debía siempre quedar uno de ellos en el campamento para que los colonos no robaran los alimentos que les da el estado. Curioso debe ser para ellos estar en una situación donde el hombre blanco les da y les quita según le parece. Afortunadamente cuentan con rifles de cacería, que según entendí usarían para espantar colonos.

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Voceros autodenominados vs El Estado




La genética de poblaciones, con particular interés en la biología humana, ha sido escenario de personalidades excéntricas, en especial de los individuos que han hecho las contribuciones más significativas. Entre los ídolos del campo se encuentran seres que parecen de película, como George R. Price, quien generalizó la ecuación de Hamilton para selección de familia para organismos diploides; Robert Trivers, un singular profesor que bien podría ser considerado el padre de la antropología biológica contemporánea a quien le retiraron la figura de Tenure en Harvard por fumar porro en la oficina y disparar desde su auto en movimiento a los demás vehículos. J.S.B. Haldane, además de formular la hipótesis de la malaria (que también se puede explicar mediante la ecuación de Price), es uno de los padres de la genética moderna junto con Fisher, y además se destacó siempre por ser dado a la experimentación con sigo mismo.

Sin ánimo de compararme con tan magnos nombres, sino más bien en espíritu de seguir su ejemplo, el experimento del ajo ha resultado tremendamente fructuoso: tras ya semanas de abstinencia, tiene un cierto efecto antidepresivo (más allá de sus reportadas propiedades antibióticas en la Ayurveda), pues me he sentido activo y jovial los días posteriores a mi convalecencia.

Entre las actividades de interés para documentar de los días pasados, el encuentro con los médicos tradicionales de Barrancón es ciertamente destacado. Sin embargo, fue poca la información útil para el proyecto, porque en un principio los payés contestaron toda pregunta con monosílabos o tangentes. Luego de un rato de conversación, donde claramente ambas partes esperaban que la otra tomara la iniciativa, atiné a preguntar sobre los inicios de cada uno en las prácticas del chamanismo. Unos cuarenta minutos más tarde empezaba a oír la traducción de una historia que parecía muy interesante (por las reacciones que había despertado entre la audiencia), pero que había sido contada en totalidad en lengua indígena, por lo cual me resultaba ininteligible. Sospecho que la narrativa Jiw es bastante diferente a la nuestra, y que está (o por lo menos esta historia) fuertemente influenciada por el consumo de yopo y yagé, elementos que consumen los payés sin mucha muestra de recato.


De otro lado, hoy, tras semanas de espera y anuncios, tuvo lugar una reunión muy particular en Agua Bonita. Los Nukak se habían preparado para ella más que un joven cabrío a la espera de sacar su primera licencia de conducción (legal). Las instituciones llegaron (casi todas) a la hora pactada. Los Nukak, por su lado, en actitud que combina -como todo lo que tiene que ver con ellos -la sabiduría con la inmadurez, llegaron con varias horas de retraso. Esto molestó bastante a las instituciones asistentes (delegados de Bienestar, Procuraduría, CDA, Salud, Gobernación), sobre todo porque dicho sea de paso, la reunión era en el resguardo Nukak.

Primero hablaron los Nukak. Ellos, entre testimonios conmovedores y propuestas utópicas, parecen no estar de acuerdo sobre si desean volver a Laguna Pavón (su más reciente ubicación dentro del resguardo), o si desean permanecer en Agua Bonita y tener acceso a celulares, ropas bonitas, y otras comodidades de occidente.

Luego hubo un debate largo entre instituciones, en el que no intervino más ningún Nukak, sino todos sus autodenominados voceros. Por un lado, el Crigua II, encabezado por Tukanos, interesado en que los indígenas vuelvan a su territorio. Lo desean tan enfáticamente, que no puede uno sino sospechar que algún beneficio buscan de tal hecho. Efectivamente, parece que de ser así, ellos podrían usar algunos de los muchos recursos estancados con que cuentan los Nukak.

De otro lado, intervino un personaje que destilaba corrupción por cada poro, como supuesto vocero de los Nukak, que ha interpuesto tutelas en su nombre para que sean registrados y regresen a su territorio. Sospecho que también él quiere su tajada de las transferencias.

Las instituciones, por otro lado, recordaron los muchos esfuerzos e intentos fallidos que ha habido para regresar al resguardo. Algunos indígenas ajusticiados, y sobre todo, el regreso al mismo problema de siempre.

Así, después de varias horas de interacciones de instituciones, se levantó la sesión y se dio fin al encuentro (sin poner fin a las necesidades del pueblo Nukak). Se repartieron algunos mercados, todos de regreso a las camionetas, y los Nukak nuevamente, solos en Agua Bonita.

Es extraño estar del lado de las instituciones y el estado. De pronto es a causa de mis experimentos con el ajo, pero hablaron con más conocimiento de causa (incluso para dibujar el mapa del resguardo) el delegado del Ministerio del interior, que el pariente a cargo del Crigua. 

En otras noticias, parece haber epidemia de piojos en la comunidad. Yo ya tomé medidas extremas, y ahora llevo un estilo de pelo digno de la Selección Colombia.







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Repelente de Libertad

Tras la presentación en sociedad del proyecto, hoy tuvimos la primera interacción con la comunidad Jiw de Libertad por medio del taller en que les enseñamos a hacer repelentes. El objetivo, más que el líquido viscoso para ahuyentar insectos, es el diálogo de saberes en torno a la enfermedad. El resultado: un sinnúmero de tangentes en torno a la malaria, apenas remotamente relacionadas la mayoría, pero muy interesantes.

Contamos con la participación de los médicos tradicionales, quienes para mi sorpresa no fueron nada tímidos con su conocimiento. De hecho, en ocasiones se extendieron mucho más de lo pensado en preguntas que yo pensaba serían de fácil respuesta. Sus aspectos son absolutamente imponentes, llevan en el aura el mundo mágico que habitan, y claro, también en los bastones tallados, las plumas y demás atuendos. De cualquier modo, hasta el más escéptico se dirigiría a ellos con respeto, en el peor de los casos, por el simple miedo a ser agarrotado con la madera maciza en forma de bate cricket.

El taller transcurrió sin contratiempos. Los participantes parecieron sorprendidos ante algunas preguntas, pero lo realmente sorprendente es que ante tanta intervención de los equipos de malaria no se les hubiera explicado el asunto:

- ¿Cómo se reconoce el mosquito que transmite la malaria?
- ¿A qué hora del día está activo el Anopheles?
- ¿A quién en esta comunidad le da más la malaria?

Al parecer, la malaria ha sido sinónimo de toldillo en las políticas de estado, lo cual ha tenido su efecto, pero también ha descuidado aspectos importantes como los mencionados anteriormente.

La expectativa que despertó el taller fue tal, que un grupo de personas más grande del esperado llegó a departir el rato. Más que el taller, creo, lo que los sedujo fue el rumor de un sancocho. Tras años de izar las banderas del sancocho y gritar mi aprecio por tan magno plato a los cuatro vientos, no puedo culparlos. Eso sí, la situación prometía ser mucho más incómoda de lo anticipado.

- ¿Nospi? -le dije a Giordano, el consejero de cabecera en cuestión de costumbres étnicas.
- Mejor…eso acá se va a formar la grande.

Y así fue: hicimos taller, enseñamos a hacer repelente, y llevamos el hueso para la sopa. Y salimos saltando muy alto y aprisa.

Día menos caluroso, un poco más nublado. En Barrancón también empieza a haber mosquito, el molesto y diminuto que acá llaman mostacilla. El ajo ha hecho maravillas, y al tragarlo entero parece no tener tanto efecto sobre el aliento. O por lo menos eso creo.

En noticias locales, parece que ayer nos perdimos el estallido de tres petardos en pleno pueblo. Por supuesto, hubo pánico y heridos, aunque solamente a causa del susto pues se trataba de un simulacro de la policía. Para ser una población que ha vivido la violencia en carne propia y muy recientemente, creo que se puede dar un parte de éxito con el ejercicio. No murió nadie (cosa que imagino no era tan clara cuando empezó la dinámica), ni las personas armadas estallaron en un frenesí de plomo: aprobado y archivado. En medio del caos, eso sí, tuve la oportunidad de hacer una observación escatológica: mis flatulencias huelen a ajo.

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Los niños perdidos


Hoy fue tal vez una de las visitas más cortas y más productivas a Agua Bonita en términos de datos levantados. Finalmente empezamos a hacer observaciones, tras muchas modificaciones del formato para tal efecto.


A nuestra llegada, la mayoría de la gente estaba ausente. Algunos de los miembros del reducto de Barrancón (que se ubicaron en las estructuras viejas, sin hacer caso a la infestación de cucarachas) nos indicaron que casi todos estaban en el pueblo o en las demás malocas.


Tras compartir un rato con ellos, fuimos en busca de la masa. Los pocos presentes estaban, a propósito de la queja del visitante fotógrafo (que no tengo fotos de ellos sino) en la hamaca.


Comenté que había nuevamente mosquitos. Ellos, que antes decían acá no hay mosquitos como quien asegura que su equipo jamás jugará en la segunda división, asintieron en tono de queja. No es frecuente sentir que los Nukak entienden lo que uno intenta comunicarles, a veces porque ellos no parecen tener ganas de entenderlo a uno, y a veces porque no se logra la comunicación a pesar del interés aparente de las dos partes. Hoy, sin embargo, los mosquitos fueron tema inequívoco. ¡Qué molestos! Como los Nule o Samuel Moreno, es algo en lo que todo el mundo parece estar de acuerdo: el mundo estaría mejor sin ellos. Los odiamos y aborrecemos. Salvo Makis, probablemente, que ama a todas las criaturas, a pesar de lo malvadas que puedan resultar. Los reparos que otrora despertaba el repelente natural que intentamos promover entre sus gentes no se vieron hoy. Todos, como si fuera un líquido hidratante, acudieron por un poco de repelente, menos María, quien preparaba un cerdo de monte que había cazado su marido y que tenía cara de manjar de Astérix.


En el bosque sonaban ruidos. Parecía haber bosque limpio en torno a una nueva construcción. Una nueva maloca. ¿Una nueva familia? !No! Los niños, que al igual que la pandilla de Peter Pan, deambulan solos por todos lados. La construcción era verdaderamente impresionante, más para gentes de tan poca edad y pelos en el pescuezo.


Mucho revuelo causó entre ellos la llegada del equipo, así como la salida de las máquinas fotográficas. Decidí prestar la mía a uno de ellos para que tomara un par de fotos, y ¡oh, sorpresa! En pocos minutos la memoria estaba casi llena. Tomaron fotos de cuanto personaje se cruzó por el frente, con particular atención a quienes hacían caras jocosas y exageradas. Buena actividad para compartir un rato con los chicos (mucho más amena que el juego con carbón ardiente que quemó las palmas de mis manos), y muy apropiada para conocernos mejor con el grupo de niños, que harto padece la malaria.


De llegada al pueblo decidimos pasar por un billar que frecuentan los Nukak cuando vienen de visita para ver si podíamos incluir observaciones de algunos cuantos. Efectivamente, para no decepcionar el estereotipo de la frontera, todos copetones y contentos…los hombres. Las mujeres, con cara de querer ir a casa y mal genio, esperando en la acera del frente. Tal parece que hay cosas universales, transculturales, o como diría la Psicología evolutiva, arraigadas en la humanidad desde la edad de piedra:


Por un lado, el afán masculino de cometer torpezas. Por otro, la supervisión femenina expectante y al acecho. Pero sobre todo, la voluntad inequívoca de ambas partes por repetir una y otra vez la misma tragicomedia en conjunto, cantando el himno de la naturaleza humana. La pregunta es, ¿bajo qué código lo pongo en mi formato?


En otras noticias, los días siguen bastante calientes. Ha llovido poco en los últimos días. Estuve muy enfermo, y aunque no encontraron la causa, yo sospecho que fue dengue. Desde hace unos días sigo el hábito de engullir un diente de ajo por la mañana, dicen que es bueno para casi todo, menos para conseguir amigos.

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La mirada del fotógrafo

Alex, un fotógrafo austriaco que llegó a San José por invitación de Pablo de la Cruz con miras a seguir su proyecto de documentar las comunidades étnicas en su hábitat, llegó hace unos días a San José. Desde el viaje a Barrancón a buscar los Nukak disidentes (en 100 años de incertidumbre) nos acompaña, y cuando las personas lo permiten toma fotos.


Como en todos los oficios, hay algo vocacional sobre la fotografía que tiene que ver con la personalidad. No digo que sea un sine qua non para ser destacado en el arte, pero hay algunos que logran pasar desapercibidos de tal manera que los sujetos se sientan cómodos, al punto de no sentir que están siendo retratados.


Sin embargo, sugerí a Alex proceder con cautela. Para tal efecto, tomó solo algunas fotos durante la ausencia de los hombres (siempre ausentes durante el día), y las revelamos durante para llevar como regalo. Tenemos pendiente hace bastante tiempo pasar una noche completa entre ellos, y aunque la idea era hacerlo la noche de ayer, retrasos en logística nos hicieron pensar que era mejor solamente ir y compartir una comida con ellos. Compramos pescado, piña, panela y tomate para el agasajo.


Las fotos causaron bastante conmoción. Como era de suponerse, todos quisieron ser objeto del lente de Alex tras ver las imágenes, en las que pululan Nukaks reposando en las hamacas.


- Me gustaría tomar fotos de otras actividades diferentes, tengo muchas de ellos en las hamacas -decía el austriaco con ganas de ser invitado a una expedición de cacería. Veremos si lo logra, y veremos si aguanta el paso. Según cuentan, para buscar alimento deben trasladarse a lugares distantes, 2 horas de caminata que a ritmo Nukak deben ser cosa seria.


Tuve la oportunidad de hablar con J, aparentemente infectado con malaria. Le pregunté dónde la contrajo, y parecía tener claro que había sido en Wanapalo, su lugar de procedencia, donde había trabajado con un blanco limpiando potreros. Hoy se conocerá el diagnóstico de la gota gruesa.


Johana, en un ataque de justicia, le entregó dos pescados a una familia que no tenía alimento. El hecho aparentemente fortuito motivó los celos de las otras malokas, que no entendían por qué ellos no habían recibido también un bocado. Tuvimos que repartir los pescados entre todas las casas, de manera que no estuvieran molestos, pero al fin y al cabo quedó algún malestar que no fue posible zanjar.


En medio del carnaval que sucede cuando cae la noche en el campamento (aunque el de anoche estuvo un poco más tranquilo, probablemente a causa de la lluvia), tuve la osadía de participar en el juego de niños con carbones en llamas. Bonito y divertido, por supuesto, pero resulté con una quemadura en la palma, no muy grave pero sí molesta.


Los hombres llegaron mientras yo me divertía jugando a mano limpia con las brasas, unos de 3 días de reuniones en el pueblo, otros del monte para recoger pepas. El líder, con más de un trago en la cabeza, me buscó para hablar sobre temas variados. Entre ellos me habló, muy en tono de antropólogo poscolonial, sobre la "problemática Nukak, su pueblo y el desarrollo del resguardo". Para no articular bien más de dos frases seguidas en castellano, combinaba bastante bien los conceptos foucaultianos, al punto que no me es posible tener una idea de su entendimiento. Su discurso, eso sí, despertaría empatía hasta en el corazón más cínico. Parafraseando, dijo que los Nukak tenían muchos problemas, principalmente que no podían ocupar su resguardo. Que todos somos seres humanos, y que la sangre derramada en el conflicto es la misma. Que ellos no podrían empuñar fusiles para matar humanos, porque ese acto está destinado únicamente a los animales. Luego si disculpó y se fue a descansar, no sin antes invitarnos a pasar la noche del domingo entre ellos.


A la salida, se acercaron varias familias para pedir artículos diferentes.


Día de pocos mosquitos en el campamento. Algo caluroso, pero también con lluvias dispersas.

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Algunos aspectos sobre la movilidad Nukak

La misión del día era encontrar los Nukak que están en Barrancón, territorio Jiw donde están más cerca del río y otros recursos. Como siempre, en el Guaviare y con el transculturalismo (aunque puede ser también cuestión de nuestro equipo de trabajo) fritar un huevo se torna en una empresa quijotesca que parece encabezado de un chiste. Afortunadamente Regino y Giordano, como en tantas ocasiones, nos mostraron el camino.


Antes de llegar nos topamos una pequeña gallada de adolescentes en bicicleta. Una de ellas, nos mostraron, tenía la rueda doblada y no funcionaba apropiadamente. Se dirigían a pescar, rudos y tímidos como siempre. El cuñado del moreno perdido, de quien nadie parece tener memoria, estaba entre los expedicionarios. También un hombre más de Wanapalo (o Guanapalo, todavía no consigo decir el nombre sin causar risas entre los locales), que tenía un fenotipo bastante diferente.


Tras caminar por algo que me sorprendió encontrar en Barrancón (bosque secundario que parece selva intacta) llegamos al campamento. El padre de los chicos del hospital se disculpó por no levantarse de la hamaca, su rodilla estaba herida con motivo de una caída en bicicleta. No sé bien de qué manera montan en bicicleta los Nukak, lo cierto es que se dan maña de volverlas mierda. Siempre, además, andan con una bomba para inflar los neumáticos medio desinflados (que imagino son materia prima para las caucheras).


La abundancia de alimentos en el campamento no concordaba con la salud de los presentes, por lo menos en los modelos que hemos escuchado de algunos profesionales de salud. Estiña, con sus dos hijos enfermos, nos contaba que no podía dormir hace unos días. La esposa del ciclista accidentado respondió "mucho duele garganta" cuando le preguntamos por su estado de salud.


- ¿Cuándo van a volver a Agua Bonita? -pregunté al grupo en tono de hacer conversación.

- En 100 años -respondió con la gracia que le permitía su rodilla enferma el que parece ser líder del pequeño grupo disidente. Hablamos un rato más sobre las enfermedades que los aquejan, llamamos a Martha, promotora, para que confirmara la muerte de la mujer a causa de picadura de culebra, y para confirmar que el Nukak moreno tampoco estaba en este campamento. Finalmente, el convaleciente y su rodilla pidieron hablar con Martha. Lo hicieron. Tras un rato, colgó y me dijo:


- Ella dice que nos consigas transporte. Nos vamos todos.


Lo rápido que parecieron pasar los 100 años era solo un poco menos absurdo que su sugerencia. Así, una misión para ver el estado de salud de una población se transforma repentinamente en un operativo para movilizar un grupo de 30 personas de lado a lado del Guaviare. De poco valieron explicaciones, pero tras la experiencia en el hospital, decidí no desplegar ningún esfuerzo de logística hasta no hablar con quien parece llevar las riendas de la etnia: Martha.


- ¿Qué? ¡Yo no le dije eso! Le dije que si estaba muy enfermizo se viniera él, pero qué se van a mover todos hasta Agua Bonita…¡están pintados!


Así cualquiera es nómada, pensaba yo, mientras recapacitaba sobre lo absurda que había sido la propuesta. Sin embargo, el mundo que han conocido los Nukak es el de pedir cosas absurdas a organizaciones como la ONU, presidentes y gobernadores. De alguna manera deben tener un sentido de proporción monetaria similar al de Paris Hilton con tan magna entrada al capitalismo.


Afortunadamente, la aventura no había incluido transportar una familia Nukak sin rumbo fijo, con la seguridad plena de que ellos no entendían para dónde iban. Divagaba yo en pensamientos como este cuando sonó mi teléfono. Era Ariel. Estaba con una familia entera que se había montado en su taxi para ir a San José, y ahora querían que les resolviera su futuro.


Día horriblemente caluroso.


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