Ondas binaurales

Para algunos será como descubrir el agua tibia, pero llevo varios días fascinado con el poder sobre la mente de los binaural beats. No recuerdo quién me alertó sobre su existencia, pero con motivo de un reciente interés en la hipnosis (compré un libro y estoy haciendo ejercicios para controlar la ansiedad de regresar al primer mundo), me he sumergido en los encantos de los tonos repetitivos y enloquecedores.

Según cuenta la leyenda, los tonos que varían en apenas unos hertz engañan al cerebro aprovechando su mecanismo para ubicar sonidos en tres dimensiones. Estos tonos se pueden usar para inducir ciertas ondas cerebrales, que aparentemente representan diferentes estados de conciencia.

Me tomé el trabajo de buscar evidencia científica para el fenómeno, y encontré mucha literatura sobre el efecto que tiene en los gatos. Cosas que hacen las mentes inquietas. Probablemente esos científicos no están meditando a estos ritmos. En humanos no parece haber muchos estudios, probablemente porque no se le puede poner un sello farmaceuta.

Los más entusiastas, páginas de internet que además ofrecen todo tipo de curas por medio de este fenómeno, aseguran que los efectos son inmediatos e irrefutables. Incluso hay quienes sostienen que se pueden inducir estados mentales equivalentes a las drogas, de manera que ya saben, cuidado con la dósis.

Ante tal avalancha de opiniones, no tuve más remedio que la autoexperimentación. Adicionalmente, hice algunos contactos para medir el efecto en una máquina de neural feedback.
Les contaré qué sucede. Por lo pronto, para los interesados, compuse una onda para facilitar los estados de meditación, que pueden descargar acá en formato Apple, y acá en formato Flac. No recomiendan usar Mp3 porque se pierde parte del efecto en el formato.

Es necesario usar audífonos para que tenga efecto, entre mayor sea la calidad, se supone que mejor será el resultado. No es recomendable usar volumen alto. Esta onda está basada en algún concepto loco de la filosofía china que incorpora la conectiviad del Universo, y se supone que vibra al compás del shamanic consciousness.

Nos vemos del otro lado.



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ASESINATO EN EL ORINAL


(Hace poco encontré muchos Mb de textos. Este ni siquiera puedo asegurar que sea mío, no recuerdo haberlo escrito y estaba en una carpeta denominada "Textos de amigos")

En un baño público. Pérez y el jefe están de pié frente a un cuerpo que yace en el suelo, boca arriba.

PEREZ

¿Qué piensa jefe, cómo murió este?

JEFE

No murió, esto es un asesinato.

PEREZ

¿Asesinato?¿Cómo puede estar tan seguro?


JEFE

Porque tiene el pene erecto.

PEREZ

Claro, sí, me había percatado. No es que sea de particular interés para mí, pero salta a la vista. Pero, lo importante es, jefe, que el tipo podría ser un pervertido que hacía quién sabe qué cosas en los baños públicos.

JEFE

No, el hombre orinaba tranquilamente cuando lo asesinaron, de lo contrario no habría este reguero de…bueno, usted entiende.

PEREZ

Claro jefe. Es usted muy perspicaz.

JEFE

En realidad no. Lo vi todo en una película italiana de los años treinta. El escenario era el mismo.

PEREZ

¿Cree usted que estemos lidiando con un fanático del cine jefe?

JEFE

No.

PEREZ

¿Por qué no?

JEFE

La película era pésima y tuvo muy poca acogida. Yo la vi por accidente un día que robamos una pornográfica del alquiler con mis amigos del barrio, y la copia que había en el estuche era esa. Como toda la historia partía de una fechoría, no tuvimos derecho a protestar ante una bajeza de ese calibre.


PEREZ

Lo entiendo. A mí siempre me pasa lo mismo.

JEFE

Yo lo hice a los quince años.

PEREZ

Digo, no, en realidad no.

JEFE

Entonces, ¿por qué lo dijo?

PEREZ

No sé jefe, usted me pone nervioso.

JEFE

Bueno, todo el mundo tiene sus cosas, supongo.

El hombre del sombrero grande lo retira de su cabeza y se quita calmadamente el abrigo. Lo deja sobre el mesón en el que se encuentran los lavamanos, y se remanga la camisa. Entra en uno de los sanitarios y cierra con el pasador.

PEREZ

Jefe, ¿qué hace?

JEFE

¿Qué parece? Voy al baño. Creo que comí demasiadas rosquillas.

PEREZ

Jefe, pero aún es la escena de un crímen.


JEFE

Sí, pero también es una escena de esparcimiento social. El que se haya cometido un crimen no le quita su carácter funcional, ¿o sí?

PEREZ

Supongo que no. Tiene razón.

Entra un hombre caminando rápido y se detiene frente al cuerpo. Lo mira en silencio.

HOMBRE

¿Qué sucede acá?

PEREZ

Es un asunto oficial. Somos del departamento de policía, y estamos investigando un asesinato.

JEFE

¿Quién está ahí, Pérez?

PEREZ

Ah, es solo alguien que viene a usar los sanitarios, jefe.

JEFE

¡Estúpido, dile que se vaya, esto es la escena de un crimen!

PEREZ

Pero usted dijo que no por eso perdía su carácter funcional, jefe.

JEFE

Sí, para nosotros los que estamos autorizados. Señor,(dice con solemnidad desde el otro lado de la puerta) soy el investigador encargado, Pérez, tenga la bondad de enseñarle mi placa.

PEREZ

¿Dónde está, jefe?

JEFE

Ah, no, perdón, la tengo yo acá. Mire, señor. (Enseña una billetera abierta por debajo de la puerta).

HOMBRE

Pero eso no es una placa.

JEFE

¿Qué cree usted, que estamos en Estados Unidos? Acá los policías tenemos una credencial. Si espera a que salga podrá comprobar que la fotografía corresponde con mi cara.

HOMBRE

No hace falta. Mejor me voy.

JEFE

Pérez, ¿ya salió el hombre?

PEREZ

¿Cuál hombre?

JEFE

El que hablaba hace dos segundos, idiota.

PEREZ

Ah, claro, el hombre. Sí jefe.

JEFE

En ese caso, alcánceme un libro de tiras cómicas que tengo en mi abrigo.
PEREZ

Claro jefe.

Pérez busca en el abrigo y encuentra un libro. Lo lleva hasta la puerta del sanitario ocupado por su jefe y golpea.

JEFE

Dámelo. (Saca la mano por debajo de la puerta)

PEREZ

Aquí tiene jefe.

JEFE

Gracias. Pérez…

PEREZ

¿Sí, jefe?

JEFE

¿Qué más sabemos de nuestro muerto?

PEREZ

Aguirre está entrevistando la persona que lo encontró.

JEFE

¿Algo interesante?

PEREZ

Nada de interés, jefe.

JEFE

¿Cómo se llama?

PEREZ

Patricia, creo.
JEFE

¿Una mujer?

PEREZ

Sí, jefe.

JEFE

¿Y aún así dices que no hay nada interesante?

PEREZ

No pensé que aportara algo. La mujer confesó tener una cierta predilección por los baños masculinos. Dice que desde que su marido la dejó extraña los sanitarios salpicados y por eso entra a los baños masculinos. Consultamos con un vigilante y confirmó haberla visto varias veces entrando en este baño, especialmente los días más concurridos.

JEFE

Pobre mujer.

Entra una empleada de servicio empujando un carro de limpieza.

MUJER

Disculpen, caballeros, pero me tienen que desalojar el cuarto mientras limpio. ¿No vieron la señal de cerrado cuando entraron?

PEREZ

¿Cómo así, usted estaba limpiando el baño?

MUJER

Sí.

PEREZ

Y, ¿por qué estaba por fuera?

MUJER

Es que salí a tomarme un tinto. Ahora, si me permiten que tengo mucho trabajo…

JEFE (Gritando)

Señora, somos policías. Lamentamos decirle que el baño está cerrado por cuestiones legales y que debe usted permanecer en afuera hasta que haya sido interrogada.

MUJER

Ah, no, eso sí, yo tengo mucho trabajo.


JEFE

No es una elección, señora. Pérez, llévela al cuarto con los demás testigos.

PEREZ

Jefe, pero no hay testigos.

JEFE

Bueno, llévela entonces donde Aguirre.

MUJER

Pues tendrán ustedes que hablar primero con mi jefe, porque yo no quiero perder mi puesto por lo que sea que hagan ustedes en este sitio.

JEFE

Señora, por favor…¿qué insinúa?

MUJER

Pues no sé, pero esto está muy raro, ese señor ahí acostado, y usted hablando desde ahí…

JEFE(Enseñando la placa por debajo de la puerta)

Mire señora mi placa de policía

MUJER

Pero eso no es una placa.

JEFE

¡Yo sé que no es una placa! ¿Podría, por favor, seguir al agente Pérez, mientras el agente Aguirre la interroga debidamente?

MUJER

A ver, déjeme ver su cara para ver que sí es el de la foto.

JEFE

¿Cómo dice?

MUJER

Que me deje ver su cara. Si no, ¿cómo voy a saber que no le robó la billetera a un policía?

JEFE

Esto es inaudito.

Con dificultad estira la cabeza invertida por debajo de la puerta. Hace un gesto irónico y la retira. Pérez y la mujer salen del baño empujando el carrito. Después de un rato entran dos hombres fornidos y con acento costeño y se detienen frente al cuerpo.

HOMBRE 1

¡Oye, este cachaco como que le dio algo mientras orinaba!

HOMBRE 2

¡Mientras hacía otra cosa, creo yo, mira eso!

JEFE

Señores,-grita el jefe- esto es un asunto oficial…

HOMBRE 1

¿Quién habla?

HOMBRE 2

No sé, alguien en esa puerta.

JEFE

Soy Orlando, investigador…

HOMBRE 1

No me digas más, que yo no quiero saber quién eres.

HOMBRE 2

Ven, mejor llevemos este tipo a la enfermería porque algo le pasa.

JEFE

¡No! No pueden llevárselo…

HOMBRE 1

Mira, tu mejor cállate y sigue con lo tuyo y no te metas que acá afuera hay un tipo medio tieso.

JEFE

Claro que está tieso…

HOMBRE 2

¿Y tú lo habías visto y te metiste a hacer de las tuyas antes de ayudarle?

JEFE

Señores, ustedes no entienden.

HOMBRE 1

Claro que sí, compadre.

HOMBRE 2

Te entendemos. Por eso sigue en tus cosas y nosotros le damos una mano a este tipo.

Los hombres toman el cuerpo y salen del baño.

JEFE

No, señores, continúan sin entender, más o menos hace quince minutos llegó un niño corriendo como loco, gritando que había un muerto en el baño. Nosotros visitábamos la feria de casualidad, pero usted sabe cómo son estas cosas de ser policía, que uno jamás descansa, y bueno, tuvimos la fortuna de llegar a la escena minutos después de que hubiera ocurrido. Es una fortuna realmente, pocas veces puede uno investigar la escena de un crimen tan poco tiempo después de que haya ocurrido. Generalmente es muy difícil dar con el culpable, especialmente en este país, pero creo que esta vez sí tenemos buenas posibilidades de dar con el asesino. Es realmente triste que haya tanta impunidad en el país, pero casos como éste son los que le dan a uno la esperanza de hacer algo. De continuar luchando. Bueno, de cualquier forma, eso no viene al caso. Por ahora les agradecería que tuvieran la bondad de retirarse. ¿Señores?

Abre la puerta rápidamente, sujetando los pantalones con una de sus manos. Mira el piso, justo donde se encontraba el cuerpo. Permanece en silencio unos minutos y luego, mientras suelta estupefacto los pantalones que caen al suelo.

Mierda.


FIN


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Jenna


(Hace unos días accidentalmente descubrí varios Megabytes de textos que jamás fueron leídos, y que ahora quiero compartir. Este es uno de los poquísimos poemas que he escrito, en soneto para aceptar un reto. Me parece que por lo menos tiene algo de divertido, y además encarna una de las facetas recurrentes en mis escritos: la confesión de amor. Vendrán más.)

Posmoderna y hermosa  princesa 
reclama versos (en)decasílabos
como si fueran yuca en mercado,
sin pega de romper la cabeza
e imponer métrica como clavos
al más simple y llano aficionado.

No quise usar su lengua de cuna
para así reservar mis maltratos
hasta explorar sus nobles recatos
al tenerla sin ropa ninguna.

Si fueren estos versos leídos
por ojos de traductor amable
os lo suplico en tono de ruego
que gracia no ahorréis en el juego,
pues mi intención es casi honorable
con la niña de rizos dorados.

Y aunque es más rara que un perro a cuadros
tiene Jenna un encanto notable,
¡mucho más que de muñeca inflable!
(¡oh! alegría sutil e inefable)
si fuéramos juntos viejos maduros. 

Normalmente no entiendo ni papa
cuando de antropología habla
mi colega de tira cómica:
con su mirada embruja la guapa
y al lector deja como una tabla
con serios problemas de formica.

Confusas palabras, florida melena
como un hechizo cae el encanto
prosa y trasero a manera de canto
seducen de manera elegante y amena.

Duda deste caballero andante:
¿Esperase el amor, o se acecha?
No existen normas para el cortejo,
más que para aventurero errante.
La fortuna no está en la cosecha
sino en el caminar tras el tejo.

Y aunque parezca oliendo pegante
cual asesino del sur de  Soacha
que no haya duda en toda la Mancha:
cuando escribe me cambia el semblante.

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