Viajar en bus (con Radio Supercontra)

Después de estudiar por varios meses para el GRE, creo haber encontrado la analogía perfecta para describir tal actividad (que en mi lista de cosas incómodas se pelea el primer puesto con la ortodoncia): es como hablar con la tía abuela de una persona con quien uno está saliendo pero a quien uno no quiere realmente.

En todo caso, el aburridor examen es el broche de oro de un largo proceso de introspección, en el cual entre otras cosas me he reencontrado con los viajes por tierra a lo largo de nuestro territorio nacional. Los bellos paisajes, las hermosas mujeres de facciones variadas, ver una tractomula rebasar a otra en aproximadamente 7 curvas (acción comparable sólo con ver dos ballenas copular), y todas esas cosas que Roberto Suárez llama el orgasmo antropológico, folclor, caen al alma como al pasto el rocío (o como sapos al piso en Magnolia).

Tengo suficientes elementos para pensar que el Estado debería organizar algo similar a los juegos nacionales populares, en los que las regiones de Colombia sean representadas por los mejores exponentes de prácticas como el turmequé, las peleas de gallos (qué mejor manera de rendirle un tributo a Clifford Geertz unos días después de su muerte que asistir al espacio con el cual se consagró, y ver que en Colombia también son una fiel representación de la sórdida sociedad), coleo, reinado de reinados (reina del tomate vs panela vs papa vs cebolla), y alguna otra que seguro tiene méritos propios para estar en la lista.

Dicen que todo el mundo lleva un niño dentro a lo largo de su vida. Yo, por el contrario, nací con un viejo amargado dentro, que por un tiempo supe olvidar. En los últimos meses, de abstinencias diversas, me he reencontrado con aquel ser de la tercera edad que debía estar guardado en un hogar geriátrico y que llegó algo demacrado porque, como decía mi abuelo sobre esos lugares, allá muere un payaso de tristeza.

Y algo de particular ha tenido encontrar las delicias de los viajes, el dulce encanto de renegar, y la interacción transcultural por vías libres de política en medio de una crisis emocional. Gracias a tal proceso de depuración he logrado llegar a conclusiones bastante estúpidas, pero que pueden de alguna manera describir la búsqueda traumática.

1. No somos adictos al amor, sino al cortejo y a la seducción.
2. Los blogs son como páginas de anuario.
3. Los uribistas y antiuribistas son mamíferos (y sospecho que algunos también son Ninjas).
4. Dado que los humanos no tenemos cola y que las vacas no pueden agarrar con sus extremidades, somos afortunados de haber dominado el mundo antes que los rumiantes porque el equivalente al coleo en el universo paralelo sería bastante doloroso.
5. Vivimos en sociedad no para evitar el fracaso, sino para poder culpar a alguien.

Algunas preguntas que me quedan después de estas conclusiones, que espero alguien pueda ayudarme a solucionar:

Si una persona lanza el tejo, y este logra incrustarse en una posición válida, tocando alguna de las mechas pero sin estallarla, y otro tejo (lanzado posteriormente, por supuesto) impacta el primero, y el primero presiona la mecha y la hace estallar, ¿quién gana el balazo?

Si los blogs son como páginas de anuario, ¿de qué diablos creemos que nos estamos graduando cada vez que decidimos escribir un poco?

*Desde ahora, en Supercontra, Radio Supercontra: una colaboración con un notable matemático y enfermo coleccionista de música, que tal vez pueda hacer más amables las lecturas. De lo contrario, si pierden la concentración o la música les despierta esquizofrenias espontáneas, pueden dirigirse al director de orquesta (él es el culpable).

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Servicios de Brujería

Por azares del destino, en los días pasados me topé con una de aquellas realidades sobre uno mismo que lo cambian radicalmente. Una Epifanía: tengo superpoderes. Realmente, siempre lo había sospechado, pero no fue sino hasta hace unos días en cine, cuando le conté a Felipe que Zulu se había roto una rodilla, que tuve la confirmación de un tercero.

- Marica, ¡qué susto! ¡Con sólo pensarlo le rompió una rodilla!
- ¿Si le había contado? Yo ni lo dije porque pensé que nadie me iba a creer.
- Sí, claro que me dijo.

Felipe se reía y aplaudía. Después empezó la película, y con ver a Penélope se acabó la discusión (sabrá Dios qué se fue a buscar esa mujer en Hollywood).

Y lo que no se imagina Zulu es que desde ya empecé a trabajarle a la segunda. Pero el caso del pérfido ser no es el único en el cual se manifiestan mis poderes: he dejado a personas sin empleo, roto varios huesos, y hasta me siento responsable de algunas muertes.

Si sumamos esto con los poderes que tengo sobre el clima (si me abrigo, sale el sol y vice-versa), no queda más remedio que concluir que soy una especie de dios. Al igual que en la conversación de Groundhog day (El día de la marmota) que reproducía hace unos días Rodrigo Orrantia, no sé si soy "El Dios", pero sí soy una especie de dios. O semidios, cuando menos. En un sentido dionisiáco, probablemente, pero semidios al fin y al cabo.

De momento, trabajo en aplicar mis poderes sobre las mujeres, pero los resultados, hasta ahora, son desastrosos. Parecen ser una particular combinación de mis poderes para echar mal de ojo con mis poderes para control climático paradójico. Algo así como una echada de ojo paradójica, o, en otras palabras, que toda mujer que intento embrujar, efectivamente se enamora y es feliz, pero con otro.

Más allá de los bartolazos metafísicos, ¡tengo superpoderes! Ya después tendré tiempo de aprender a usarlos. Lo importante, por ahora, es utilizarlos. Dado que el creador del Hombre Araña, cuyo lema es "con grandes poderes vienen grandes responsabilidades", no ve un sólo céntimo de las regalías de sus películas, yo no creo que lo importante sea hacer el bien para la humanidad. Más bien, sacar provecho, así que si tienen ustedes alguna encomienda metafísica, alguna rodilla por romper, o alguna familia por desmoronar, dejen un mensaje y una foto de la víctima. Según el encargo será necesario consignar dinero en una cuenta (una vez se haya cumplido el cometido, claro está).

Por ahora, sólo se atienden malas intenciones...estoy del lado oscuro de la fuerza en este instante.

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Noche de copas

Esta noche de la manera MENOS profesional voy [Laura] a poner música en Mai Lirol Darlin. Depresión, amor, desamor, amores imposibles, etc. Bienvenidos TODOS

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breaking news & do the math

breaking news
en: summaries are impossible

michael richards, mel gibson, and ted haggard are aliens from haterland. they have been sent to destroy civilization. if you see their spaceship, throw rotten tomatoes, beer bottles, and crucifixes.

Accidentalmente me topé con este blog maravilloso. Grande, también, la nueva reseña de Menand en The New Yorker: una lección de crítica certera, buen humor y personalidad para las divas que tenemos en nuestra narco-farándula intelectual.

DO THE MATH
en: The New Yorker

Thomas Pynchon is the apostle o imperfection, so it is arguably some sort o commendation to say that his new novel, “Against the Day” (Penguin; $35), is a ver imperfect book. Imperfect not in the sense of “Ambitious but flawed.” Imperfect in the sens of “What was he thinking?
The book is set in the period between 1893 and around 1920, and this is the plot: An anarchist named Webb Traverse, who employs dynamite as a weapon against the mining and railroad interests out West, is killed by two gunmen, Deuce Kindred and Sloat Fresno, who were hired by the wicked arch-plutocrat Scarsdale Vibe. Traverse’s sons—Kit, a mathematician; Frank, an engineer; and Reef, a cardsharp and ladies’ man—set out to avenge their father’s murder. (Webb also has a daughter, Lake, but she takes up with one of the killers.) This story requires a thousand and eighty-five pages to get told, or roughly the number of pages it took for Napoleon to invade Russia and be driven back by General Kutuzov. Of course, there are a zillion other things going on in “Against the Day,” but the Traverse-family revenge drama is the only one that resembles a plot—that is, in Aristotle’s helpful definition, an action that has a beginning, a middle, and an end.

The rest of the novel is shapeless, just yards and yards of Pynchonian wallpaper: fantastic invention, arcane reference, virtuosic prose.

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Apto chapinero alto

Fabuloso apartamento en chapinero alto(esquina 58 con 5), de 150 m2, 3 habitaciones y estudio, 2 baños con ducha y 1 baño de emergencia, cuarto de servicio y 2 garages (uno detrás de otro). Estrato 4. Alquiler: 1 000 000 + 276 000 de administracion. Telefonos: 2 11 44 98 y 316 80 55 484 (cel).

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Supercontra apoya

Publicado por Rex en: http://savageminds.org

Scholarly societies are in crisis, and the AAA is among them. Dwindling revenues from sales of AAA Journals are among the causes, and if we don’t staunch the bleeding now, we are warned, there will be nothing left to give.

How has the AAA gotten to a point where its solvency seems to be based solely on the sales of our scholarly work? Work that has already been paid for by public and private granting agencies which we pay registration fees to present at conferences organized by the scholarly society we pay memebrship fees to join? Why must we also charge our readers?

Recently, the AAA publicly voiced its opposition to Federal Legislation that would require federally funded research to be freely available to the people who paid for it: citizens. This public opposition is clearly not in the interest of AAA members—and the AnthroSource Steering Committee has publicly said as much, proposing a range of initiatives to make our collective work more accessible. For this criticism, the ASSC was dissolved.

Clearly, something needs to change.

1) we need a solid open access policy to make anthropological research widely available;

2) we need a more transparent financial arrangement between the association and its members;

3) we need a form of financial sustainability that does not compromise our ability to disseminate our research.

We invite the sections and their members to start thinking creatively about the solution to these problems. Digital publishing gives us the technology to make our work widely available, so let’s use it! Our colleagues in the sciences and social sciences have already begun the experiment, and we should critically examine their successes and failures.

We also need to think hard and think together about how to move the AAA away from the current ‘weapons of mass destruction’ business plan, which seeks profits by exploiting copyrighted scholarly work. If the model worked, would the publishing program be losing money?

What is Open Access?

Open Access is online, freely available, peer-reviewed research. It is licensed in such a way that it protects the rights of the author, but allows the work to circulate as freely as possible. It is fully compatible with peer-review and publication in scholarly journals, and there are increasingly a large number of fields whose most prestigious journals have adopted open access policies.

Although OA literature is less expensive to produce than conventionally published literature, no one seriously believes that it is costless. The goal of Open Access is not to pursue some utopian vision where the bottom line doen’t matter. Quite the opposite—we believe that there are better ways to pay the bills.

The stakes here are not just financial. Open Access Anthropology speaks to the core ethical concerns of anthropology: a conviction that researchers have a right to know and be known and, above all, that people everywhere have a story that deserves to be told. How can anthropologists work collaboratively with people who are unlikely to have free access to the same body of knowledge that we do? How can scholars in related (and distant) fields discover our work if it is restricted only to a paying membership?

Would you like to learn more?

There will be an informal meeting to discuss Open Access on Saturday the 18th at noon at Gordon Biersch, 33 E. Santa Clara Street (between First and Second).

In the mean time, there are various ways you can be involved. Learn about the issue by visiting

http://openaccessanthropology.org

There is also an Open Access email list that you can join if you want to talk about these issues, or if you simply want to hear what other people are saying. Just go to

http://groups-beta.google.com/group/open-access-anthropology/

And press the “join this group” link on the right hand side of the page.

We look forward to hearing from you.

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Remedio anti-gripal

En un accidentado viaje a las Islas del Rosario en épocas de antaño, logré hacer que un cañón cayera en mi pié y clavarme una espina de pescado en la amígdala (por fortuna, no la región cerebral sino el tejido linfoide en la garganta). Una de las particularidades de la situación, que ha resultado útil posteriormente, fue que para resolver el percance (de la espina, del pié roto no opinó nadie) había tantas estrategias como personas. Tenedores con papas, plátanos, e incluso con más pescado me atacaron a tal punto que resultó más angustioso tener que engullir y masticar toda esa comida que aquel trozo dorsal de un pescado en mi garganta. Hay que agregar, además, que fue un sacrificio sobrehumano probar todos esos bocados que venían de platos ajenos, pues para la fecha tenía problemas sicológicos con la idea de saliva de otros ejemplares de nuestra especie en mi boca.

La semana pasada, como suele ser costumbre, fui atacado por el virus mutante que rigurosamente me visita cada año. Nuevamente, como en la historia de los tenedores con comida poco apetitosa, conocidos y extraños me abordaron con una avalancha de remedios (algunos francamente asquerosos) para curarla definitivamente: jarabe de totumo, sobredosis de vitamina C, vaporizaciones con agua de jengibre y ajo (y después tomar el desagradable potaje), acopuntura, ceremonias chamánicas, masaje espiritual, conseguir novia, y emborracharse.

Hace unos años había decidido no volver a probar remedios caseros, más allá de las bondades que enunciaran sus entusiastas. Sin embargo, es tal la convicción con la que habla cada persona sobre su método, que resulta casi agresivo negarse, y por supuesto, en una semana había tomado tantos remedios que no podría saber ahora cuál de todos hizo el milagro. Al tiempo, que lo cura todo, nadie le da crédito. Y ni hablar de los efectos secundarios del coctel de medicamentos tradicionales (tengo la seria intención de montar un bar donde se ofrezca simultáneamente acopuntura y jarabe de totumo, entre otras maravillas). Pero más curioso que eso, aun, es la cantidad de párvulos de médico que hay en las facultades: Todo el mundo receta, pero nadie cree que hace falta estudiar medicina para ello. Como en el cuento de Alfred Polgar (mi nuevo héroe, a pesar de que no he encontrado más cosas en un idioma que entienda) sobre un odontólogo que en tiempo de guerra hace las veces de médico y cirujano, la mejor muestra de la realidad nacional parece ser que uno es medicado por todos los amigos, conocidos, y a veces cualquier hijo de vecino o enemigo.

La historia sólo es superada por la macabra experiencia que resulta el hacer mercado en un pueblo perdido de Indonesia: al preguntarle a Wanda por un líquido que vendían en uno de los improvisados puestos con horrible aspecto, él respondió que era un remedio y procedió a comprar un vaso para que yo tomara. De nada valió que yo insistiera que no necesitaba ningún remedio porque afortunadamente no me aquejaba ningún mal en el momento.

¿La moraleja? Cuando uno cae enfermo de gripa debe procurar contagiar a todo el mundo, a ver si ponen esos mismos malditos ojos de sabiduría cuando uno les devuelva atenciones recordando tan amables consejos. Complementar, además, inventando un método más absurdo que mejoró el proceso de recuperación.

Y lo peor, es que funciona. Soy testigo.

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