Loading...

ANÁLISIS DE DATOS · SALUD Y MORTALIDAD EN COLOMBIA La mortalidad como prueba de fuego


¿Está el sistema de salud colombiano matando más bajo este gobierno? Un examen honesto de las cifras, y qué advierte el espejo venezolano


Este informe nació de una sospecha y se propuso ponerla a prueba con honestidad: que la crisis financiera del sistema de salud y el colapso de las EPS, bajo el actual gobierno, estarían produciendo un exceso de muertes en Colombia. Para que el ejercicio no fuera una caja de resonancia más, se fijó una regla antes de mirar los datos: dar más peso a los indicadores que ninguna de las dos orillas puede falsear con facilidad, y menos peso a las cifras de causa específica que cualquier gobierno tiene incentivos y herramientas para maquillar. El resultado no le da la razón completa a nadie, que es precisamente lo que cabría esperar de un examen serio.

El pico mortal fue la pandemia, y la pandemia fue del gobierno anterior

La serie de defunciones no fetales del DANE, la fuente oficial de hechos vitales, deja poco margen a la interpretación creativa. Colombia pasó de unas 244.000 muertes en 2019 a un pico de 363.089 en 2021, el año más letal del que se tenga registro, en plena segunda ola de COVID-19. Ese cerro pertenece por entero al periodo anterior: el presidente Gustavo Petro se posesionó en agosto de 2022. Cualquier gráfico de muertes absolutas muestra esa montaña pandémica, y quien la atribuya al gobierno del Cambio confunde el calendario.

Después del pico, la mortalidad no regresó del todo a su nivel histórico. Tras el piso post-pandemia de 2023 (268.411 muertes), subió tres años seguidos hasta 283.378 en 2025, cifra preliminar y, por tanto, susceptible de revisión al alza. La tasa bruta acompañó ese repunte, de 5,2 a 5,3 por mil. Es un ascenso real, pero modesto, y aquí conviene una prueba que rara vez se hace: si se proyecta la tendencia de la tasa bruta previa a la pandemia (2016 a 2019, que ya venía subiendo por el envejecimiento de la población), la tasa esperada para 2025 sería 5,4 por mil. La tasa observada es 5,3. En otras palabras, la mortalidad de 2025 está incluso un poco por debajo de lo que la pura inercia demográfica habría predicho sin ningún gobierno de por medio.

Defunciones anuales y tasa bruta de mortalidad, Colombia 2016 a 2025pr. El pico de 2020 a 2021 es la pandemia, bajo el gobierno anterior. Fuente: DANE, Estadísticas Vitales.

Una tensión real en las causas evitables, pero ni nueva ni masiva

Si el desabastecimiento y las barreras de acceso matan, el primer lugar donde se vería es en las causas evitables, esas muertes que un sistema de atención primaria que funciona no debería permitir. Y allí sí hay señal. Según el propio DANE, las muertes por enfermedades infecciosas intestinales casi se triplicaron en una década, de 493 a 1.363 en el acumulado enero a octubre, con un salto del 44% solo entre 2022 y 2024. Las muertes por infecciones respiratorias agudas crecieron 21% entre 2022 y 2024. Son justamente el tipo de muerte que indica un sistema bajo presión.

El problema, para quien quiera convertir esto en un cargo contra el gobierno actual, es que la tendencia es vieja. Las infecciones intestinales suben sin pausa desde 2014, y las muertes por trastornos mentales se cuadruplicaron en el mismo periodo, mucho antes de 2022. Lo más que el dato aguanta es que una tendencia de deterioro que venía de atrás se aceleró en los últimos años, y ni siquiera eso de forma limpia: el repunte de muertes por dengue, por ejemplo, responde a un ciclo epidémico climático y no al estado de las EPS. La honestidad obliga a llamarlo señal de tensión, no prueba de colapso.

Mortalidad por causas sensibles al acceso a salud, índice 2014=100 y valores absolutos. Varias de estas tendencias anteceden a 2022. Fuente: DANE, Estadísticas Vitales, acumulado enero a octubre.

La prueba que ningún bando puede falsear

Un solo país tiene demasiado ruido, demasiados confusores, para detectar a ojo el efecto de una política de salud. La pandemia rompió las series, el envejecimiento empuja la tasa hacia arriba, el dengue mete picos. La forma rigurosa de aislar la señal es comparar a Colombia con sus pares regionales, indexando a cada país contra su propia línea base previa a la pandemia (2015 a 2019). Así se neutralizan el tamaño de la población y su estructura de edad, y se obtiene el exceso de mortalidad de cada país sobre su propio punto de partida. Los datos de los controles provienen del World Mortality Dataset de Karlinsky y Kobak; los de Colombia, del DANE.

El resultado es el hallazgo central de este informe, y va en contra de la hipótesis con la que empezó. Después de 2022, el exceso de mortalidad de Colombia sigue casi exactamente a la mediana de América Latina. En 2023, Colombia registró 15,2% de exceso frente a 15,5% de la mediana regional; en 2024, 18,4% frente a 19,2%. Colombia se ubica en la mitad del pelotón, incluso un poco por debajo. Si el sistema se estuviera cayendo de una manera que mata gente a escala poblacional, Colombia debería despegarse hacia arriba de Chile, México, Paraguay o Argentina. No lo hace. Y vale la pena notar que ni siquiera el caso que más se invoca como advertencia, la Argentina de la motosierra de Milei, muestra una catástrofe de mortalidad en su primer año de austeridad: su exceso subió de 3,5% en 2023 a 10,3% en 2024, todavía por debajo de Colombia y de la región.

Exceso de mortalidad sobre la línea base 2015 a 2019, Colombia frente a América Latina. Colombia (línea roja) sigue a la mediana regional sin despegarse. Fuentes: DANE y World Mortality Dataset.

Esta es la pieza resistente a manipulación de todo el ejercicio, por una razón que importará más adelante: se puede reclasificar la causa de una muerte, pero no se puede borrar del conteo total. El exceso de mortalidad por todas las causas es, por construcción, casi inmune al maquillaje de cifras. Y no muestra anomalía colombiana.

Donde la crisis sí muerde: acceso, plata y desabastecimiento

Que el cementerio agregado no aparezca no significa que el sistema esté sano. La crisis es real, y se mide en otro plano. En enfermedades huérfanas, las muertes más sonadas por falta de medicamentos, las cifras son un empate disputado sobre el mismo registro: la Federación Colombiana de Enfermedades Raras contó alrededor de 1.501 fallecidos entre enero y agosto de 2025 y denunció un pico anómalo en agosto; el Ministerio de Salud respondió con el mismo SISPRO que la mortalidad bajó levemente, de 1.685 muertes en 2024 a 1.666 en 2025 para el mismo corte. Las dos cifras casi coinciden en nivel y pelean por la tendencia, cada bando escogiendo la métrica que le conviene, absolutos contra tasas.

El daño en cáncer y en patologías que dependen de suministro continuo está documentado, aunque como demora y no como cadáveres contados. Organizaciones de pacientes reportan quimioterapias que pasan de aplicarse cada 21 días a cada 50 o 60 por falta de autorización, con metástasis como consecuencia, y trasplantados que arriesgan el órgano sin inmunosupresores. La doxorrubicina, esencial para varios cánceres, ha desaparecido por temporadas del mercado, y el INVIMA, fuente oficial, listaba a fin de 2024 ocho medicamentos esenciales en desabastecimiento crítico, incluidas insulina para diabetes y nevirapina para VIH.

El terreno más firme, el que no admite controversia estadística, es el financiero y el del acceso. Al fondo de enfermedades huérfanas se le asignaron 500.000 millones de pesos en 2024 cuando las necesidades superaban los 4,8 billones, con giros que la Corte Constitucional ordenó puntuales y que llegaron con hasta tres meses de retraso. El presupuesto inicial de alto costo para 2025 llegó a ser varias veces menor que lo reconocido el año anterior. Y el indicador que no se puede maquillar: las tutelas en salud rozaron las 265.000, un aumento del 40% frente a 2023. Cuando la gente tiene que demandar para que le entreguen su medicamento, y lo hace 40% más, el sistema está fallando, se cuente como se cuente.

El termómetro más sensible al acceso, y sin embargo bajó

La mortalidad materna es el indicador que más rápido reacciona cuando un sistema de salud se cae, y en Colombia se movió en la dirección contraria al colapso. El gobierno y el INS reportan que 2024 registró la razón de mortalidad materna más baja en veinte años, con una reducción del 33% en muertes absolutas y del 27% en la razón frente a 2023, y la caída continúa: a mediados de 2026 la razón preliminar era de 33,3 por cada 100.000 nacidos vivos, frente a 40,2 un año antes. El dato es más robusto de lo que parece, porque los nacimientos están cayendo en Colombia, lo que infla mecánicamente la razón, y aun así esta bajó. Si el desabastecimiento estuviera matando gestantes a escala, este es el primer lugar donde se vería, y muestra lo opuesto.

Sobreviven, eso sí, dos matices que el promedio esconde y que constituyen el cargo legítimo. El primero es la desigualdad brutal: el propio informe del INS encuentra un riesgo de muerte materna mucho mayor en mujeres del régimen subsidiado, rurales y sin control prenatal, y sobre todo indígenas, con una razón de 187 muertes por cada 100.000 nacidos vivos, cifra de país en guerra. El sistema mejora en el agregado y sigue abandonando los márgenes. El segundo es la atribución: la mejora continúa una tendencia larga, y 2018 ya había sido un mínimo, de modo que el mérito del gobierno es discutible. Pero ninguna de esas dos objeciones rescata la tesis del colapso.

La cuestión de la confianza, y por qué la manipulación no salva la hipótesis

Hay una razón de fondo para desconfiar de las cifras oficiales de causa específica, y tiene precedente. Desde su alcaldía de Bogotá, Petro ha protagonizado choques sobre cómo se cuentan las muertes infantiles y por desnutrición. El patrón sigue vivo: cuando el presidente afirmó este año que la mortalidad infantil por desnutrición cayó a la mitad, el verificador independiente ColombiaCheck concluyó que sacó los datos de contexto, omitió información y usó gráficas con errores técnicos, mientras la oposición y el propio INS mostraban que los casos de desnutrición aguda habían aumentado. El INS llegó a recordar, con prudencia institucional, que la fuente oficial de hechos vitales es el DANE y no su sistema de vigilancia. La desconfianza, entonces, está fundada.

Pero esa desconfianza, aplicada con rigor, no le devuelve munición al alarmismo, sino que reordena el peso de la evidencia. Las cifras gameables son las de causa específica y vigilancia notificada, justamente donde caen las buenas noticias del gobierno, la materna y la desnutrición. La métrica resistente al maquillaje es el conteo total y el exceso de mortalidad comparado, porque reclasificar una muerte de desnutrición a falla renal la cambia de casilla, no la borra del total. La huella de ese maquillaje, además, sería un aumento en la proporción de causas mal definidas, y en Colombia ese indicador es históricamente bajo y a la baja, alrededor del 4,8%, con una cobertura de registro cercana al 89%. La conclusión es incómoda para ambos bandos: el escepticismo recorta el optimismo oficial sobre causas específicas, pero el dato que nadie puede falsear, el exceso total, sigue sin mostrar anomalía. Bien aplicada, la sospecha desinfla a las dos orillas a la vez.

El espejo venezolano: cuánto tarda un colapso, y cuál es su primer síntoma

Queda la objeción más seria: que estas cifras tarden en caer, que Colombia esté al comienzo de una pendiente cuyo fondo aún no se ve. Venezuela es el espejo obligado, y su cronología es instructiva. Hugo Chávez llegó al poder en 1999, y los primeros años hasta expandieron la atención primaria. El colapso de mortalidad se hizo visible recién en el boletín epidemiológico de 2016, que reveló un aumento del 65% en mortalidad materna y del 30% en mortalidad infantil en un solo año, junto al regreso de la malaria y la difteria. Del giro político al colapso visible pasaron unos quince años. Pero esa cifra engaña, porque el motor no fue el gobierno de izquierda en sí, sino la implosión económica posterior a 2013: la caída del petróleo, la hiperinflación, el derrumbe de las importaciones de medicinas. Del inicio de esa implosión al colapso de mortalidad pasaron apenas dos o tres años. El sistema se rompió cuando el país dejó de poder importar, no cuando llegó el chavismo.

De ahí salen dos lecciones para Colombia. La primera es que el riesgo de un desenlace venezolano depende de una implosión económica que Colombia hoy no vive: su economía funciona, importa medicinas y su moneda no está en hiperinflación. La segunda, más sutil y más importante, es sobre el primer síntoma. Cuando el boletín de 2016 reveló las malas cifras, el régimen de Maduro destituyó a la ministra al día siguiente y no volvió a publicar un boletín de mortalidad jamás. El primer signo del colapso venezolano no fue un número alto, fue la opacidad. La señal de alarma de un sistema que se cae no es el conteo de muertos, es el momento en que el gobierno deja de dejar que lo cuenten. Para Colombia, esto significa que el peligro no se detecta hoy en la mortalidad, que todavía sirve de termómetro porque el DANE sigue publicando, sino que se detectará el día en que empiecen a manipular o a tapar el termómetro. Esa vigilancia, y no el pánico, es la postura adecuada.

Balance

Reunidos los cinco planos, el veredicto es claro y disciplinado. El pico mortal de Colombia fue la pandemia, bajo el gobierno anterior. La mortalidad por todas las causas no separa a Colombia de la región, ni siquiera al compararla con la Argentina de Milei. Las muertes por causas evitables suben, pero es una tendencia vieja y de magnitud pequeña. En enfermedades huérfanas y en cáncer la mortalidad es un empate disputado, no un exceso probado, aunque el sufrimiento individual y las demoras son reales y documentadas. Y la mortalidad materna, el indicador de acceso más sensible que existe, está en su mínimo histórico.

La afirmación de que este gobierno, o el desangre de las EPS, está matando colombianos por encima de lo que explican la demografía y la herencia pandémica compartida por toda la región, no se sostiene con los datos disponibles, y el indicador menos manipulable la contradice de frente. Lo que sí se sostiene, y constituye un cargo serio, es una crisis de acceso, de financiamiento, de desabastecimiento de medicamentos vitales, de tutelas disparadas y de abandono de los márgenes indígenas y rurales. La posición honesta, la que no pertenece a ninguna de las dos madrigueras, es esta: hay que acusar al gobierno por el desangre financiero y el desabastecimiento que sí se pueden demostrar, rechazar el conteo de muertos que el alarmismo no puede probar, y rechazar también las buenas noticias de causa específica que el oficialismo no puede sustentar. El verdadero peligro de largo plazo, el que enseña Venezuela, no es la cifra de hoy. Es el día en que dejen de publicarla.

Fuentes y método

Mortalidad agregada y por causa: DANE, Estadísticas Vitales, boletines de defunciones no fetales (2024 y 2025 preliminar). Las cifras de 2025 son preliminares y pueden revisarse al alza. Las tasas son brutas, sin ajuste por edad.

Comparación regional: World Mortality Dataset (Karlinsky y Kobak) para los controles latinoamericanos y DANE para Colombia, con exceso calculado sobre la línea base 2015 a 2019 de cada país. El empalme entre fuentes es válido para comparar cambios relativos, no niveles absolutos. La cobertura de 2024 es parcial en varios controles. Este es un benchmark de exceso, no un dif-dif causal estricto, dado que la pandemia rompe las tendencias paralelas previas.

Acceso, financiamiento y enfermedades de alto costo: Federación Colombiana de Enfermedades Raras (FECOER), Ministerio de Salud y SISPRO, Cuenta de Alto Costo, INVIMA, y reportes de prensa (Semana, El Colombiano, Portafolio, Infobae). Mortalidad materna: INS, SIVIGILA, boletines epidemiológicos 2024 a 2026. Verificación de cifras: ColombiaCheck.

Venezuela: boletín epidemiológico del Ministerio del Poder Popular para la Salud (semana 52 de 2016), editorial de The Lancet sobre el colapso del sistema de salud venezolano (2018), e informes de Human Rights Watch. Calidad del registro colombiano: Observatorio Nacional de Salud del INS y Ministerio de Salud con Vital Strategies.

Nota metodológica: este informe priorizó deliberadamente los indicadores resistentes a manipulación (conteo total y exceso de mortalidad) sobre las cifras de causa específica, más fáciles de maquillar por cualquier administración.

 

Post a Comment

Home item

Featured Post

Duelos Sin Fronteras

  Desprevenidamente contesté el teléfono ante un número desconocido. - Buenas tardes, ¿hablo con el señor Alejandro? - ¿para qué lo necesita...

Popular Posts

Click to read Read more View all said: Related posts Default Comments Menu